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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1322

Apenas soltó esas palabras, Jimena se fue de la habitación.

Al verla irse, una punzada de pánico brilló en los ojos de Federico. De inmediato aventó las sábanas y se bajó de la cama.

Apenas puso un pie en el piso, el mareo lo atacó de nuevo.

Aguantando el malestar, abrió la puerta y salió.

Quería alcanzarla. Quería decirle que se quedara.

Pero cuando asomó la cabeza al pasillo, ya no había rastro de ella.

La gente iba y venía por los pasillos del hospital, pero Federico no logró encontrarla por ninguna parte.

Respiró profundo y sintió una punzada de dolor en el pecho.

Por su parte, en cuanto Jimena entró al elevador, agarró su celular, abrió el chat con Violeta y borró el mensaje donde le decía que no iba a ir a la fábrica.

Federico se quedó parado en la puerta, en completo silencio, durante un buen rato. Después de mucho pensarlo, regresó arrastrando los pies a su habitación.

Se acostó de nuevo, miró la avena que estaba en el mueble, la agarró con cuidado y se la empezó a comer muy despacio.

Esa avena la había ido a comprar Jimena con sus propias manos. Aunque el sabor no fuera el mejor, se la iba a terminar toda.

Cuando dejó el plato limpio, le mandó una foto a Jimena, intentando buscar un pretexto para hablar y aflojar un poco la tensión.

[Ya me la terminé.]

[¿Cómo me tomo las medicinas?]

Esperó varios minutos, pero Jimena no le contestaba.

Justo cuando iba a marcarle, alguien abrió la puerta desde afuera.

La enfermera encargada de su piso entró y le explicó paso a paso cómo debía tomarse el medicamento.

Federico la escuchó en silencio. Cuando la enfermera terminó, él solo le hizo una pregunta:

—¿Quién la mandó?

La enfermera le contestó con toda honestidad:

—Su esposa.

Solo así lograrían acortar la distancia entre los dos.

De por sí Jimena nunca había sido el tipo de mujer que da el primer paso.

Una vez que logró calmarse, se maldijo por lo estúpido que había sido en la mañana.

No debió dejarse llevar por las emociones.

A sabiendas de que Violeta no lo soportaba, Federico se tragó su orgullo y le llamó.

Pero el celular de Violeta también estaba apagado.

Federico frunció el ceño. Su mirada se ensombreció y la preocupación comenzó a carcomerlo por dentro.

Trató de tranquilizarse y llamó a la recepción del hotel para preguntar si sabían algo.

Dio el nombre de Jimena y el número de su cuarto. La respuesta lo dejó helado: Jimena y Violeta habían entregado la habitación desde la tarde.

Federico apretó el celular con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. No escuchó ni una sola palabra más de lo que le decía la recepcionista.

Lanzó las sábanas a un lado y se levantó de golpe, con toda la intención de salir a buscar a Jimena. Pero al llegar al pasillo, se quedó pasmado. No tenía la menor idea de dónde buscarla.

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