Jimena se quedó de pie en la entrada con el plato de avena, guardó silencio un momento y finalmente dio un paso hacia adentro.
Puso el tazón sobre el mueble al lado de la cama de Federico.
Él, al escuchar el ruido, se dio la vuelta con mala cara. Al darse cuenta de que era Jimena, se quedó pasmado un instante y luego soltó:
—¿No que ya te habías ido? ¿Qué haces aquí otra vez?
El tono de Jimena seguía siendo muy indiferente.
—¿No querías comer avena?
Federico se quedó sin palabras. Le echó un vistazo a la comida que ella había traído y un rastro de emoción cruzó por sus ojos.
—¿La hiciste tú?
—No. La compré en el comedor de abajo —respondió Jimena—. Si no te la vas a comer, la tiro en el baño.
Con el tiempo que llevaban conviviendo, Federico ya tenía muy claro que Jimena era una mujer de palabra.
Se enderezó de inmediato en la cama.
—¿Cuándo dije que no me la iba a comer?
Aunque no la hubiera preparado ella misma, el simple hecho de que hubiera bajado al comedor a comprársela personalmente era casi lo mismo que si la hubiera cocinado.
Federico tomó el plato de avena de la mesa y empezó a comer a cucharadas pequeñas.
Al verlo comer, el ceño fruncido de Jimena se relajó. Apartó la mirada de él y se fue a sentar a la silla frente a la cama.
Violeta ya había llegado a la fábrica y se había reunido con el encargado.
Le envió un mensaje para reportarse.
Jimena bajó la cabeza para contestarle y aprovechó para aclararle varios detalles y precauciones que debía tener en cuenta.
Después de dar unos cuantos bocados, Federico levantó la vista y notó lo concentrada que estaba Jimena viendo su celular. Sus largos y bonitos dedos no dejaban de teclear en la pantalla con expresión seria.
Era obvio que estaba respondiendo asuntos del trabajo.
Toda su atención parecía estar absorbida por la empresa.
Daba la impresión de que no había lugar en su cabeza para nada más.
Se levantó de la silla y dijo con voz serena:
—Acuérdate de tomarte la medicina en cuanto termines de comer.
—Violeta todavía tiene muchas dudas y no sabe cómo manejar algunos asuntos, así que me voy a adelantar para allá.
Dicho esto, se dio la vuelta y salió de la habitación.
Al verla alejarse, Federico tomó aire, queriendo pedirle que se quedara, pero no se le ocurría ninguna excusa para retenerla.
Miró la avena de la que apenas había comido unas cuantas cucharadas y le gritó a la espalda de Jimena:
—¡Esta avena sabe horrible! ¡Necesito que vayas a comprarme otra!
La mano de Jimena ya estaba sobre la perilla. Tenía una pequeña zona enrojecida en el dorso de la mano.
Al escuchar el quejido de Federico, apretó ligeramente la perilla y dijo con voz indiferente:
—Si te sabe horrible, tírala. No te fuerces a comerla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...