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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1333

Un destello de pánico cruzó por sus ojos y estuvo a punto de decir algo más, pero Jimena lo miró de reojo, esbozó una ligera sonrisa y, con un tono bastante amable, se le adelantó:

—Procura llegar temprano a casa esta noche, tengo algo que platicar contigo.

La sonrisa de Jimena lo tomó por sorpresa; se quedó pasmado un segundo. No podía esperar hasta la noche.

—¿Qué cosa? ¿No me lo puedes decir de una vez?

—Creo que para ti, será una muy buena noticia —respondió Jimena.

Lo único que Federico tenía en la cabeza en ese momento era arreglar las cosas y tener una buena vida con Jimena.

Por lo tanto, en cuanto ella mencionó las palabras "buena noticia", el cerebro de Federico automáticamente asumió que se refería a una reconciliación.

—Perfecto.

—Entonces ahí te veo.

Jimena asintió y retomó su camino hacia la oficina de la señora Núñez.

Había avanzado un par de pasos cuando se dio cuenta de que Federico la venía siguiendo, así que se detuvo.

—Tengo algo de qué hablar con mamá.

—¿Piensas quedarte a escuchar a escondidas?

—¿No puedo escuchar? —preguntó Federico.

Jimena asintió con total seriedad y respondió: —No, no puedes.

Al escuchar eso, Federico se encogió de hombros y dijo: —Bueno, ni hablar.

Estaba de muy buen humor.

Jimena ya le hablaba de nuevo, y su actitud era mil veces mejor que antes.

Ya se estaba imaginando cómo sería la plática de esa noche, en la que seguramente acordarían cómo iban a llevar su relación a partir de ese momento.

Federico estaba lleno de ilusión por el futuro.

Se quedó plantado en el pasillo, observando con una sonrisa cómo Jimena entraba a la oficina de la señora Núñez.

Una vez adentro, Jimena cerró la puerta tras de sí.

La señora Núñez tenía unos documentos en la mano.

Se los había entregado el abogado esa misma mañana.

Después de ojear todo el documento con el ceño fruncido, la señora Núñez se dirigió a ella con un tono solemne:

Jimena asintió con un leve movimiento de cabeza y le dedicó una sonrisa a su suegra.

—De verdad que a usted no se le escapa una.

—Mamá, no es que quiera cortar lazos con Grupo Núñez. Cuando Federico y yo nos divorciemos, si usted me permite seguir llamándola “mamá”, yo encantada lo seguiré haciendo.

Un brillo de emoción asomó en los ojos de la señora Núñez al escuchar eso, y de inmediato respondió:

—¿Y por qué me molestaría?

—Si Federico no supo retenerte, fue porque no te merecía.

—Pero quiero entender algo... ¿Qué fue lo que pasó en esta última quincena para que tomaras la decisión definitiva de divorciarte?

Jimena bajó la mirada, incapaz de articular una respuesta durante un largo rato.

Al verla así, la señora Núñez prefirió no presionar más y simplemente comentó:

—El trabajo en Colonia Sur Verde va a ser bastante pesado, necesitas cuidar de tu salud y descansar.

—Jimena, ahora que me has pagado todo lo que se debía, eres una mujer libre.

—Si algún día quieres regresarte a San Miguel Antiguo, puedes hacerlo cuando se te dé la gana. No voy a obligarte a quedarte aquí.

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