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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1339

—Te estuve marque y marque hace rato, pero como no contestabas me preocupé de que te hubiera pasado algo, así que le eché una llamada a la señorita Calvo para preguntarle cómo estabas.

Al escuchar a Moisés pronunciar el nombre de Jimena, Federico frunció el ceño, se apartó la cobija de la cara y lo miró.

—¿Y qué te dijo?

Moisés notó los ojos ligeramente enrojecidos de su amigo, levantó una ceja y una sombra de sorpresa cruzó por su mirada.

—¿Qué pasó entre tú y la señorita Calvo?

Con los ojos ensombrecidos, Federico lo fulminó con la mirada y le advirtió con tono amenazante:

—Si te atreves a decir una sola palabra de lo que acabas de ver...

—Tranquilo, ya sabes que yo soy discreto, sé muy bien lo que debo callar —se apresuró a aclarar Moisés—. Pero en serio, ¿qué onda contigo y la señorita Calvo?

Sintiendo que la cabeza le estaba a punto de estallar, bajo la curiosa mirada de Moisés, Federico murmuró con la voz ronca:

—Me divorcié de ella.

Aquella noticia sacudió a Moisés por completo.

Casi incapaz de ocultar su sorpresa ante esos ojos rojos e hinchados, preguntó en voz muy baja:

—¿Fue la señorita Calvo la que te pidió el divorcio?

Federico asintió.

—Sí.

Moisés se quedó callado por unos segundos y luego continuó en un tono confidencial.

—¿Y estás escondido llorando como niño bajo las cobijas porque la señorita Calvo te pidió el divorcio?

Al escuchar esto, Federico apretó el ceño casi al instante.

Sabiendo que había metido el dedo en la llaga, Moisés soltó una risita nerviosa.

Si Jimena quería el divorcio, dudaba mucho que a Federico le bastara con negarse a aceptar.

—Pero ya firmé los papeles del divorcio.

Moisés se quedó congelado al escuchar semejante admisión, sin saber cómo responder.

El solo hecho de que hablara con ese tono derrotado demostraba claramente que de verdad se había rendido frente a Jimena.

Levantando la mano, le dio un par de palmadas en el hombro a Federico.

—Carnal, la neta creo que esto es algo que no vamos a poder resolver nada más entre nosotros dos. ¿Qué tal si buscamos a Elian para platicar? Chance y él tenga algún buen consejo. O puede que simplemente estés un poquito enganchado con la señorita Calvo ahorita, y a lo mejor mañana que despiertes de pronto te das cuenta de que no te gusta tanto como creías, uno nunca sabe... ¿Qué te parece si vamos a echar unos tragos? Le digo a Elian que nos acompañe.

Federico se frotó el puente de la nariz, experimentando un punzante dolor de cabeza.

—Dile a Elian que se venga para acá. Mejor tomamos algo aquí en la casa.

No tenía ninguna intención de salir de ahí.

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