Jimena tomó el acuerdo ya firmado por Federico.
Dejó sobre la mesa la copia que le correspondía a él y luego se llevó la suya.
—Le pediré al abogado Trejo que te avise de cualquier asunto pendiente, aunque dudo que haya algún problema. El contrato ya fue registrado, así que pronto nos entregarán el acta de divorcio.
Santa Brisa no tenía tantas restricciones como San Miguel Antiguo.
Ahora que Federico había firmado y el abogado había realizado el registro, lo más probable era que al día siguiente ya pudieran tener en sus manos el acta de divorcio.
—Mjm —respondió Federico con desgana, sentado en el sillón sin atreverse a mirarla.
Jimena se levantó y, al ver a Federico tan quieto y abatido, decidió añadir algo más:
—Cuídate mucho.
Al oír la muestra de preocupación, Federico alzó la vista, solo para notar que Jimena conservaba su misma expresión de siempre, sin el más mínimo cambio.
Era evidente que lo había dicho por mera cortesía, no por preocupación genuina.
—Sí. Tú también —respondió.
Ella dio media vuelta y caminó hacia la puerta.
Federico se quedó helado por un segundo. Se dio cuenta de que, desde que llegó, Delfina no había aparecido por ninguna parte.
Evidentemente, Delfina ya no estaba allí.
Jimena había planeado su divorcio desde hacía mucho tiempo.
Siendo Delfina una empleada contratada por ella, era lógico que se la hubiera llevado.
Además, la casa parecía haber perdido muchas de las cosas que Jimena había comprado personalmente.
Mirando su espalda alejarse, Federico preguntó:
—Jimena, ¿me podrías decir desde cuándo decidiste pedirme el divorcio?
Jimena se detuvo y contestó tranquilamente:
—Fue en esta última quincena.
Al oírla, el rostro de Federico cambió drásticamente.
Después de conseguir, gracias a unos contactos, el número de Jimena, le llamó a ella.
Al escuchar a Jimena sugerirle que fuera a buscar a Federico a la Residencia Los Arrayanes, Moisés percibió algo tenso en la situación de la pareja y corrió hasta allá.
Al entrar y no encontrar a Federico en la planta baja, subió las escaleras.
Allí arriba, lo encontró acostado, hecho un ovillo sobre la cama.
Con un destello de preocupación en la mirada, Moisés se acercó y le preguntó:
—Federico, ¿qué te pasa?
Al escuchar la voz de su amigo, Federico rápidamente se tapó la cabeza con la cobija.
Su voz sonó apagada y ahogada por la tela:
—¿Qué haces aquí?
Notando algo extraño en su tono, Moisés alzó una ceja, caminó hasta la orilla de la cama y tomó asiento.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...