Federico levantó una ceja.
—Vaya confianza, señorita Calvo. Si tan segura estabas, ¿cómo es que no pudiste lidiar con alguien como Gonzalo?
Jimena respondió en un tono indiferente:
—No es mi culpa que ese hombre sea tan cerrado de mente. No es que no pudiera lidiar con él, es que su capacidad no da para más.
Federico soltó una carcajada suave.
—Como sea, estando en el puesto en el que está, le resulta muy fácil ponerte trabas. Si te ganas su enemistad, las cosas se te van a poner feas en el trabajo. ¿Qué ibas a hacer si de plano nunca te autorizaba los papeles?
Jimena seguía viendo por la ventana, pero al escuchar la pregunta de Federico, giró la cabeza para mirarlo.
—Él no va a estar atornillado a ese puesto toda la vida. En esta industria siempre va a haber competencia. Si este camino se me cerraba, buscaba otro y ya está, ¿no crees?
Federico se rio entre dientes y dijo:
—La señorita Calvo lo tiene todo fríamente calculado. ¿Entonces lo que pasó esta noche fue un error de cálculo?
Jimena negó con la cabeza.
—Tampoco fue un error. Si tú no hubieras llegado, yo tenía mi propio plan de respaldo.
Mientras hablaba, Jimena se recargó la cabeza en una mano y miró fijamente a Federico.
—¿Y cómo es que el señor Núñez estaba en el mismo restaurante? Supongo que no fue coincidencia, ¿o sí?
Federico se quedó callado un momento antes de responder:
—No, no fue coincidencia. Me enteré de que habías invitado a cenar a Gonzalo y quise venir a asomarme.
Con una mirada serena, Jimena le preguntó:
—¿Asomarte a qué? ¿A ver el espectáculo?
Federico entrecerró los ojos y se le notó la molestia, pero al ver a Jimena tan tranquila y relajada, el poquito enojo que sentía se le pasó.
Jimena negó con la cabeza y le respondió con calma:
—Estando tú y yo solos a estas horas, la verdad prefiero que no. Otro día que tenga tiempo, yo le invito una comida.
Sin decir más, Jimena se dio la media vuelta y caminó hacia los elevadores.
Federico se le quedó viendo a la espalda y alzó un poco la voz:
—Si la señorita Calvo me va a invitar a comer, que sea mañana entonces. Mañana a mediodía te llevo los papeles y tú pagas la comida.
Jimena se frenó en seco al escucharlo y volteó a verlo.
Federico curvó los labios en una sonrisa, clavó sus ojos en ella y le dijo en tono suave:
—Gonzalo mandó tus documentos a mis oficinas. Te los llevo mañana.
Jimena frunció el ceño. Ella daba por hecho que él le iba a dar los papeles ahí mismo, esa noche. Lo de invitarlo a comer había sido puro compromiso por educación. No se imaginó que Federico le fuera a tomar la palabra tan rápido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...