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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1356

Federico salió del baño secándose el cabello con una toalla. Al notar la actitud relajada en el rostro de Jimena, supo de inmediato que estaba hablando con su madre.

Esa mujer era la única persona capaz de arrancarle una expresión tan dócil.

—¿Estás platicando con mi mamá? —le preguntó sin preámbulos.

Al escuchar la voz, Jimena desvió la mirada hacia él.

Notó que Federico estaba usando una de sus toallas, y una pisca de incomodidad brilló en sus ojos. Sin embargo, terminó asintiendo.

—Sí.

La señora Núñez aún seguía en la línea.

Al escuchar la interrupción de su hijo, preguntó de inmediato:

—¿Federico está ahí contigo?

Jimena emitió un sonido de afirmación.

—Vino a traerme unos papeles.

El tono de la señora Núñez se volvió un poco más severo.

—Ese muchacho irresponsable... nomás siente el agua al cuello y se apura.

Jimena apretó los labios para no sonreír.

En ese momento, Federico se inclinó hacia ella, pegando la oreja a la bocina del celular.

—¿Ya me está tirando tierra mi mamá otra vez?

Como recién salía de la ducha, emanaba un olor a jabón y calor corporal.

La repentina cercanía envolvió a Jimena en una sensación que resultaba demasiado íntima para su gusto.

—No —respondió ella en un tono neutro.

Acto seguido, levantó la mano para empujarlo a un lado.

Sin embargo, al hacerlo, las yemas de sus dedos rozaron la piel hirviendo del pecho del hombre. El sobresalto la hizo apartar la mano en un abrir y cerrar de ojos.

Por las prisas de salir, Federico solo se había echado la camisa encima, sin abotonar ni un solo botón.

Por supuesto que iba a colgar de inmediato; lo que menos quería era estorbar en la reconciliación.

Una vez que se cortó la llamada, Jimena guardó el celular.

Federico seguía plantado a su lado.

Con la camisa de vestir aún completamente abierta.

Jimena apartó la vista de él y caminó de regreso a la silla detrás de su escritorio.

Al verla alejarse, Federico la siguió e inclinó el cuerpo sobre la mesa.

—¿Por qué ya no me voltea a ver, señorita Calvo? —le susurró.

Jimena alzó la vista, encaró al hombre y paseó su mirada desde su rostro hasta su pecho descubierto.

—¿Acaso hay algo que valga la pena ver? —preguntó de la forma más casual posible.

La sonrisa en el rostro de Federico se borró al instante.

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