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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1380

Sintiéndose culpable, Petra se aferró del brazo de Jimena con fuerza.

Jimena se masajeó la frente con evidente frustración y la regañó en tono serio:

—Si querías venir, pudiste haberte venido con el chofer. ¿Qué vamos a hacer si te pasa algo por andar manejando a escondidas?

Petra apretó los labios y murmuró:

—No lo pensé bien en el momento.

Jimena mantuvo el rostro severo. Por mucho berrinche o cara linda que hiciera Petra, no pensaba ceder.

—Si vuelves a hacer una tontería como esta, te juro que no te avisaré la próxima vez que venga a San Miguel Antiguo. Te faltan tres meses para dar a luz; no puedes andar por ahí sola como si nada.

Tras el regaño, Petra bajó la cabeza y asintió, un tanto apenada.

Al verla con esa carita de perro regañado, Jimena suspiró y ambas caminaron hacia la salida de la terminal.

Ya afuera, el dichoso chofer seguía sin aparecer.

Petra le avisó que su camioneta estaba en el estacionamiento.

Jimena le quitó las llaves de las manos y sentenció:

—Llámale al chofer y dile que nos adelantamos a la casa.

Petra asintió. Recién entonces sacó su celular para marcar.

Justo en ese momento, empezó a sonar el teléfono de Jimena.

Al revisar la pantalla, vio que era Benjamín.

Contestó de inmediato.

La voz preocupada de Benjamín inundó la bocina:

—Jimena, ¿está Petra contigo? Llevo rato marcándole, pero su línea suena ocupada.

—Está aquí conmigo. Ya le di su merecido regaño —respondió Jimena.

Al escuchar eso, Benjamín dejó escapar un suspiro de alivio, aunque su tono seguía siendo de resignación.

Viendo que apenas y se creía sus propias palabras, Jimena comentó secamente:

—Pues ese cuento guárdatelo para Benjamín.

Petra hizo una mueca con los labios.

En un abrir y cerrar de ojos, divisó a Benjamín, que caminaba hacia ellas a paso apresurado con un elegante traje negro.

Al notar su semblante ansioso, Petra se mordió el labio y la culpa en sus ojos se intensificó.

Cuando Benjamín llegó frente a ella, respiró hondo. Era obvio que se había guardado un buen coraje, pero al verla ahí parada, sana y salva, no le nacía echarle un sermón.

—¿No quedamos en que te ibas a venir con el chofer a recoger a tu hermana? ¿Qué andas haciendo escapándote sola?

—Me estaba volviendo loca de aburrimiento encerrada en la casa... —murmuró Petra—. Según yo nada más iba a dar una vuelta por ahí, y sin darme cuenta, terminé manejando hasta el aeropuerto.

Benjamín intentó calmarse.

—Si ya estabas en el aeropuerto, ¿por qué no le avisaste al chofer? ¡Todo el mundo te estaba buscando como loco!

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