Entrar Via

La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1381

Petra apretó los labios y contestó en voz baja:

—Se me pasó.

Benjamín tenía cara de pocos amigos.

—¿Y se puede saber por qué tu teléfono marcaba ocupado todo el tiempo?

Recién entonces, Petra sacó su celular de la bolsa para revisarlo.

Al ver que el aparato había marcado por accidente a un montón de contactos, sonrió avergonzada.

—Creo que lo guardé sin bloquear la pantalla, y se marcaron los números solos estando en mi bolsa.

Benjamín seguía con el ceño fruncido.

Rápidamente, ella le tomó la mano.

—Ya no te enojes, prometo no volver a escaparme. Aparte, mi hermana casi nunca viene. ¡No pongas esa cara, por favor!

Al escuchar cómo le volteaba la tortilla, Benjamín soltó una carcajada de pura frustración.

Jimena, que observaba la escena desde un lado, intervino con frialdad:

—Para la próxima, esconde todas las llaves de los coches. Así no tendrá cómo andar dando vueltas sola.

Petra se quedó sin palabras.

—Me parece perfecto. Le tomaré la palabra —apoyó Benjamín.

Petra hizo un puchero.

Benjamín le echó una mirada, caminó hacia la camioneta y le abrió la puerta trasera.

Petra se subió de muy mala gana.

Viendo que Jimena traía las llaves, Benjamín se dirigió a ella.

—Yo manejo. Seguro tú y Petra tienen mucho de qué platicar después de tanto tiempo, así que hoy seré su chofer estrella.

Jimena no se negó; le pasó las llaves y se subió también.

Benjamín se acomodó frente al volante y arrancó el motor.

De inmediato, Petra se arrimó a Jimena y le enredó el brazo.

Recostada en su hombro, comenzó a actualizarla sobre todo lo que había pasado últimamente.

Durante la comida, Giselle se quedó cerca de la mesa, al pendiente.

De vez en cuando le servía un poco más o le quitaba las espinas a algo.

Giselle recordaba perfectamente que uno de los platillos favoritos de Jimena era el pescado al vapor.

Así que, cuando le puso un buen trozo sin espinas en su plato, el olor golpeó a Jimena. No aguantó las náuseas, se levantó de golpe y corrió al baño.

Alarmada, Petra soltó los cubiertos y fue tras ella.

Pero Giselle se le adelantó y ya iba pisándole los talones a Jimena.

Al verla doblada sobre el lavabo, intentando devolver el estómago, Giselle se quedó de una pieza.

Cuando Petra recién se había embarazado, Giselle también había estado un par de días cuidándola.

Y en aquel entonces, el puro olor a mariscos hacía que Petra saliera corriendo a vomitar.

Justo como Jimena en ese momento.

Con una mirada entre asustada y curiosa, Giselle se acercó y le preguntó en voz bajita:

—Mi niña... ¿hace cuánto que anda así? ¿No será que tiene retraso este mes?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda