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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1397

Si Federico había contactado a Jimena, lo lógico era que regresaran juntos a Santa Brisa.

Pero resultó que Jimena había vuelto sola.

¿Acaso Federico seguía en San Miguel Antiguo?

Jimena negó con la cabeza.

—No lo sé.

En realidad, no tenía idea de que él había ido hasta allá. Federico no se había puesto en contacto con ella.

***

Jimena recostó la cabeza contra el asiento y cerró los ojos para descansar. No sabía por qué, pero últimamente le daba mucho sueño.

Probablemente era por el efecto de las hormonas del embarazo.

Violeta, al verla tan cansada, guardó silencio y aprovechó para bajar el volumen de la música del coche.

***

San Miguel Antiguo.

Federico no había pegado el ojo en toda la noche. A primera hora de la mañana, salió del hotel directo a la residencia de la familia Calvo para buscar a Jimena.

Se quedó esperando afuera durante un buen rato.

No fue sino hasta que Giselle regresó de hacer las compras que lo vio parado junto a la entrada y se le acercó.

—Hola, ¿a quién bus...? —Las palabras se le quedaron atoradas en la garganta en cuanto le vio la cara.

Giselle había asistido a la boda de Jimena y Federico.

Al reconocerlo, se tragó cualquier rastro de amabilidad.

Sin embargo, recordando que la familia Núñez había ayudado mucho a la familia Calvo en el pasado, sabía que tampoco podía tratarlo con la punta del pie.

—La señorita salió desde muy temprano —soltó la frase de golpe y se encaminó hacia la puerta de la casa.

Federico, por supuesto, notó el rechazo inmediato de la empleada, pero no se inmutó y preguntó.

—¿Tan temprano? ¿A dónde fue? ¿Al Grupo Calvo?

—No tengo idea —respondió Giselle sin detenerse—. La señorita está muy ocupada y no soy quién para andarle preguntando su agenda.

Giselle sabía perfectamente que Jimena ya iba de regreso a Santa Brisa. Simplemente no le daba la gana decírselo.

—Señor Núñez, ¿a dónde vamos ahora?

Federico se frotó el puente de la nariz y respondió con voz grave.

—A ningún lado.

La verdad es que no tenía a dónde ir. Su único objetivo del día era ver a Jimena.

Al notar su actitud, el chofer sugirió en voz baja.

—¿La señorita Calvo no está en casa? ¿Quiere que la esperemos aquí hasta que regrese?

Federico mantuvo la mirada baja y simplemente murmuró un sí afirmativo.

El conductor apagó el motor y ambos se quedaron en completo silencio, haciendo guardia frente a la casa de la familia Calvo.

Pasó una hora entera hasta que un coche negro se detuvo frente a la propiedad.

Pensando que por fin había llegado Jimena, Federico abrió la puerta y se bajó de inmediato.

Pero la sorpresa fue mayúscula cuando vio que la persona que bajaba del otro auto era Franco.

El rostro de Federico se ensombreció de inmediato.

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