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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1436

Olivia arrugó la frente, convencida de que Regina ya no tenía remedio.

—Pero serás...

Violeta fulminó a la intrusa con la mirada y le advirtió fríamente:

—Mi jefa no tiene nada que hablar contigo.

Regina no le quitó los ojos de encima a Jimena y esbozó una levísima sonrisa.

—Tómelo como una despedida entre conocidas. ¿Ni siquiera así aceptaría regalarme unos minutos, señorita Calvo?

Jimena le dedicó una mirada gélida y respondió con un tono implacable:

—Señorita Serrano, cruzar palabra con usted sería una pérdida de tiempo. No tiene nada que me interese ni ningún argumento que valga mi atención.

El rostro de Regina se paralizó de golpe.

Sin agregar más, Jimena pasó de largo.

Regina intentó estirar el brazo para agarrarla, pero Olivia se interpuso en su camino de inmediato.

—¡Ya vete! ¡¿Qué te pasa?!

Regina seguía obstinada en no dar un paso atrás.

Se mordió el labio, fijó la mirada en la espalda de Jimena, tomó una bocanada de aire y alzó la voz:

—Señorita Calvo...

»Me rindo.

Jimena ni siquiera detuvo su marcha.

Regina le siguió gritando por la espalda:

—¡Admito mi derrota, pero que le quede claro que no perdí contra usted!

»¡Perdí contra Federico! Me enteré de que se fue del país y de que no regresará a Santa Brisa en mucho tiempo.

»Yo perdí, sí... ¡pero usted tampoco ganó!

Olivia, furiosa, sentía unas ganas inmensas de taparle la boca. —¡Ya cállate! —le exigió, fulminándola con la mirada.

A pesar de todo, Regina sonreía con aires de triunfo. Cuando se enteró de que Federico había dejado Santa Brisa rumbo al Estado de Chavín, supo al instante que había llegado su momento.

Estaba convencida de que, si él terminaba por soltar a Jimena, ella tendría el camino libre para ocupar su lugar.

Al escucharla, Jimena enarcó las cejas con diversión y comentó con calma:

—¿Qué esperabas? ¿Que me regresara a darle un par de cachetadas?

Violeta se quedó unos segundos sin saber qué decir antes de responder:

—¡Claro que no dejaría que usted se rebajara a eso! Bastaba con que me hiciera una seña y yo misma me le iba encima. Sería el colmo que tuviera que ensuciarse las manos.

Jimena dejó escapar una breve risa irónica, pero no dijo más y siguió avanzando hacia la salida.

Violeta la escoltó de cerca hasta que ambas abandonaron las instalaciones de la sucursal.

Olivia vio cómo las dos mujeres se alejaban. Luego, soltó un largo suspiro, dirigió la mirada hacia Regina y frunció el ceño con indignación.

—Estás mal de la cabeza.

Regina esbozó una leve sonrisa, totalmente impasible.

—No estoy loca, sé perfectamente lo que hago.

»En realidad, Olivia, no tienes por qué actuar con tanta precaución. Jimena ya se separó de tu hermano. Ya no es tu cuñada. Es mucho más probable que en el futuro yo termine ocupando ese lugar.

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