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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1478

Jimena le sostuvo la mirada. Tenía una expresión tranquila, pero su tono cargaba cierto sarcasmo.

—No nos vemos en seis años, señor Núñez, ¿y ahora hasta le roba el cabello a un niño?

Federico se quedó pasmado un instante, pero no apartó la vista de ella y dijo:

—¿A qué le tiene miedo, señorita Calvo?

—¿A que descubra que ese niño es mío?

Al ver la total seguridad en su rostro, Jimena soltó una risita suave y le contestó:

—Me temo que el resultado lo va a decepcionar, señor Núñez.

—Ese niño no tiene nada que ver con usted.

Federico frunció el ceño, mirándola con molestia.

—Nadie lo sabe hasta que se investigue.

—¿Qué tal si la señorita Calvo aprovechó un descuido para robarme la semilla?

Jimena bajó la mirada, retiró la mano y le dijo con frialdad:

—Si tanto quiere investigar, señor Núñez, no seré yo quien lo detenga. Pero le aconsejo que no pierda su tiempo, porque el resultado no será el que espera.

Dicho esto, se dio la vuelta y caminó hacia donde estaba Álvaro.

Álvaro ya había encontrado un collar para Belinda. Cuando vio regresar a Jimena, se apresuró a tomarla de la mano para que se sentara a su lado y le mostró su opción favorita.

—Mira, mamá, ¿crees que este collar está bien?

Jimena asintió con voz dulce.

—Nuestro Álvaro tiene muy buen gusto, este collar le va a quedar perfecto a la señora Ferrer.

—Además, el precio está dentro de tu presupuesto.

Una sonrisa radiante iluminó el rostro del niño.

Jimena le acarició la cabeza, devolviéndole una sonrisa llena de calidez.

Federico se quedó inmóvil, observándolos desde lejos. Le parecía que, tras seis años de no verla, toda esa frialdad de Jimena había sido reemplazada por una enorme ternura.

Ahora proyectaba un aura cálida e inteligente, llena de un instinto maternal que le impedía apartar la mirada.

Es más, al principio de su matrimonio, ni siquiera creía que su relación llegara a ser tan profunda.

Viendo a la madre y al hijo a unos metros de distancia, el corazón de Federico comenzó a latir con fuerza.

De pronto, sintió una chispa de esperanza nacer en su interior.

Si ese niño resultaba ser de él y de Jimena.

Eso les abriría una posibilidad; volverían a tener un vínculo.

Sin embargo, la seguridad con la que Jimena le había hablado momentos antes desestabilizó por completo sus pensamientos.

Comenzó a sentir miedo.

Incluso después de que las siluetas de Jimena y Álvaro desaparecieron de su vista, él seguía inmerso en sus pensamientos sin poder reaccionar.

Al ver que Federico se quedaba ahí como estatua, una vendedora se le acercó y le dijo en voz baja:

—Señor, disculpe, ¿le puedo ayudar en algo...?

Federico volvió a la realidad. Al notar que Jimena y Álvaro ya estaban muy lejos, sacó su celular y habló con Moisés.

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