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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1481

Federico se quedó en silencio con los resultados de la prueba de ADN en las manos durante un buen rato. Al final, esbozó una sonrisa amarga y habló.

—Resulta que de verdad no es mi hija.

Respiró hondo, apretando con fuerza el papel entre los dedos.

—¿Cómo es posible que no sea mía?

Al pronunciar esas palabras, a Federico le temblaba la voz.

Al verlo en ese estado, Moisés guardó silencio un momento y luego intentó consolarlo.

—Federico, hay cosas que no se pueden forzar. Supongo que lo de la señorita Calvo y tú es así, simplemente no pudo ser.

Federico no le respondió; solo empezó a caminar para salir del laboratorio.

Iba encorvado, como si llevara un peso insoportable sobre los hombros.

Moisés vio que Federico se acercaba a su coche con toda la intención de manejar, así que se adelantó rápidamente. Le arrebató las llaves, se subió al asiento del conductor y lo miró.

—Yo manejo, te llevo a la casa.

Federico asintió levemente.

—Está bien.

Moisés condujo directo hasta Residencial Los Arrayanes.

En los últimos años, Federico no pasaba mucho tiempo en Santa Brisa, pero cuando lo hacía, se quedaba casi siempre en esa zona residencial.

Sin embargo, al llegar a la entrada de la casa, Federico no se bajó. Se quedó mirando fijamente la puerta principal y dijo con voz apagada:

—No quiero quedarme aquí hoy. Llévame a la casa de la familia Núñez.

Al escuchar eso, Moisés obedeció de inmediato.

Después de todo, si él estuviera en su lugar, tampoco querría quedarse ahí.

Volvió a encender el motor y llevó a Federico hacia la mansión Núñez.

Cuando se estacionaron, Moisés miró a su amigo y le habló en tono serio.

—Federico, si de verdad no puedes olvidarla, la verdad es que no importa si la niña no es tuya.

—Ese tipo de la familia Ponce se casó con una mujer divorciada, ¿no? Y se ve que viven muy felices, así que...

Moisés suspiró de nuevo, con evidente impotencia, y le indicó en voz baja:

—Mejor déjalo un rato a solas, no lo molestes.

Aunque no sabía qué estaba pasando, Delfina asintió obediente.

Moisés echó un último vistazo hacia el segundo piso y dio media vuelta para marcharse.

Justo cuando salía por la entrada principal, vio llegar a la señora Núñez agarrada de la mano de una niña de unos cinco o seis años.

La pequeña llevaba un bonito vestido de princesa, su cabello estaba peinado con mucho esmero y tenía la piel clara y delicada.

Mostraba una sonrisa radiante, con los ojos llenos de alegría. Iba platicando con la señora Núñez, dando pequeños saltitos y viéndose llena de vida.

En cuanto Moisés la vio, se quedó pasmado.

Solo alcanzó a escuchar que la niña llamaba «abuela» a la señora con una vocecita muy dulce.

Moisés se acercó rápidamente a ellas y preguntó titubeante:

—Señora, esta pequeña es...

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