Federico escuchó en completo silencio cada detalle de esos años en los que estuvo ausente, así como los momentos más adorables de Fernanda, de los cuales nunca formó parte.
La voz de Jimena era muy suave. Al narrarle aquellas vivencias, todo sonaba vívido y lleno de pequeños matices.
Él sostenía su copa acariciando ligeramente el cristal, con una mirada rebosante de ternura y un toque de melancolía.
Respondía de vez en cuando, sin apartar los ojos ni un solo segundo de la mujer que tenía enfrente, incapaz de desviar la mirada.
Esa noche, Jimena se había despojado de la frialdad y dureza que la caracterizaban en el trabajo, así como de la actitud distante con la que solía tratarlo.
Con un par de tragos encima, sus pálidas mejillas habían adoptado un ligero tono rojizo, y su expresión se veía increíblemente serena.
Tenía las largas pestañas bajas, y cuando levantaba la vista, sus ojos parecían brillar con un ligero velo de humedad, viéndose cristalinos y soñadores. Había perdido su habitual aura imponente para dar paso a una vulnerabilidad encantadora.
Ambos conversaban en voz baja, envueltos en un ambiente tranquilo e íntimo.
Ninguno volvió a sacar el tema de sus conflictos pasados ni reclamó por viejas rencillas. Solo quedaba una paz y relajación que hacía mucho no sentían.
Sin darse cuenta, terminaron por vaciar la botella de la mesa.
Jimena ya se había tomado unas copas mientras esperaba a solas y luego brindó con él durante la charla. El alcohol comenzó a hacerle efecto, entumeciendo todo su cuerpo.
Trató de apoyarse en la mesa para sentarse derecha, pero apenas sintió el frío de la madera, un fuerte mareo le nubló la cabeza. Las luces se movieron ante sus ojos y sintió como si la hubieran drenado de toda su energía.
Al verla tambalearse un poco, Federico se preocupó. Dejó su copa de inmediato y le preguntó en voz baja:
—¿Ya se te subió?
Su voz profunda y cálida tuvo un efecto tranquilizador en ella; sonó en extremo dulce al llegarle a los oídos.
—Me siento un poquito mareada...
Al verla sin esa armadura de defensas, Federico sintió una profunda ternura, y una oleada de nostalgia y calor le recorrió el cuerpo entero.
La antigua Jimena solía ser orgullosa y altiva, siempre perfecta en todo momento; jamás se habría dejado ver así de vulnerable o dependiente frente a él.
Durante esos seis años se había echado todo al hombro; crió sola a su hija y viajó entre las dos ciudades sin descanso, un esfuerzo simplemente agotador para ella.
—Te voy a ayudar a subir para que descanses —dijo Federico, actuando con la mayor suavidad posible.
Se inclinó hacia ella y, con una mano, la apoyó sutilmente por el antebrazo. Medía cada uno de sus movimientos, sosteniendo su peso con total respeto. Con la otra mano le ayudó a enderezarse poco a poco, esquivando las cosas de la mesa.
A estas alturas, Jimena ya no tenía energía para poner resistencia. Dejó que él la ayudara a caminar con sus pasos tambaleantes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Que pena que travou tudo! Nem os presentes de leitura, estão liberando mais… 🥲...
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...