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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1531

Tras dudarlo un segundo, Violeta se atrevió a preguntar en voz baja:

—Señorita Calvo, ¿está platicando por mensaje con Fernanda? Seguro que últimamente la niña ha aprendido a leer y a escribir más cosas, y ya platica sin problemas con usted.

Al escucharla, Jimena levantó la vista lentamente y, con un tono neutro y tranquilo, le devolvió la pregunta:

—¿Mande? ¿Por qué piensas que estoy platicando con Fernanda?

Violeta sonrió casi por inercia, sintiendo que había dado en el clavo:

—Porque usted solo pone esa cara de relajación y tranquilidad cuando se trata de su hija; es un mundo de diferencia a como se ve en el trabajo.

Jimena se quedó paralizada por un momento, dejando ver un pequeño destello de sorpresa en sus ojos. Acto seguido, guardó lentamente el celular. La pantalla se apagó, al igual que esa mirada tierna, y comentó en un hilo de voz:

—No estoy platicando con Fernanda.

A Violeta se le notó la sorpresa de inmediato y dejó salir un pequeño «¿Ah?» antes de añadir:

—¿De verdad?

Al darse cuenta, fue lo suficientemente lista para no hacer más preguntas. En el entorno laboral, husmear en la vida privada de un jefe era un error imperdonable, y con mayor razón si se trataba de Jimena, quien cuidaba demasiado su privacidad y jamás ventilaba sus asuntos personales. Violeta supo quedarse callada a tiempo, aunque su curiosidad no paraba de crecer.

—Muy bien, señorita Calvo, lo apunto.

Mientras hablaban, el elevador hizo un tintineo al llegar a la planta baja y sus puertas metálicas se abrieron de par en par. Jimena asintió a modo de despedida y bajó del elevador, luciendo esa silueta fina y distinguida que le daba su traje. Estaba a punto de caminar directo al estacionamiento cuando la chica de la recepción se le cruzó en el camino rápidamente.

La joven traía cara de angustia y le habló con muchísimo cuidado:

—Señorita Calvo, disculpe que la moleste. Hay una mujer, de apellido Serrano, que la está esperando en la salita pequeña. No tenía cita, pero por más que intentamos convencerla, no quiso irse. No tuvimos de otra que meterla al área de espera. ¿Tiene unos minutos para verla?

Jimena frenó en seco. Ese ligero toque de dulzura que la rodeaba hace unos instantes desapareció por completo. Sus ojos se oscurecieron y su mirada se clavó hacia la puerta cerrada de la sala, retomando en un santiamén la actitud de lejanía y de jefa intocable.

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