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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1532

La recepcionista vio cómo Jimena bajaba la mirada y rozaba con los dedos el borde del mostrador de recepción, sin decir una sola palabra. Como el silencio se volvía cada vez más tenso, la chica bajó el tono de voz y habló con cuidado.

—Señorita Calvo, ¿quiere que vayamos a rechazarla otra vez?

Esa señorita Serrano llevaba ya un buen rato esperando, y cuando recién había llegado, estaba bastante alterada.

Si Jimena no quería verla, podían llamar a seguridad para que la sacaran del edificio a la fuerza.

Al oírla, Jimena levantó la vista lentamente. Tenía aquellos ojos negros completamente serenos, demostrando al instante esa superioridad que ponía una barrera de hielo a su alrededor. Negó suavemente con la cabeza y dijo con una voz clara y limpia, sin dejar asomar ninguna emoción:

—No es necesario, yo voy a verla.

Dicho eso, caminó con paso firme y elegante directo hacia la pequeña sala.

Llevaba un traje de alta costura que le marcaba perfectamente los hombros y le daba una apariencia fría. Emitía un aura imponente, propia de alguien que sabe tener el control total de la situación.

Jimena llegó a la puerta, empujó ligeramente la madera, la cual estaba emparejada, y esta se abrió de inmediato, dejando que una corriente de aire fresco se metiera al cuarto.

Adentro estaba Regina, sentada nerviosamente en un sillón de piel. Estaba tiesa, con las manos aferrándose a la tela descolorida de su vestido como si su vida dependiera de ello.

En el segundo que oyó el ruido, levantó la cabeza de golpe. Al ver entrar a Jimena, la rabia le brotó por los ojos y brincó del asiento casi de un salto.

Clavó la mirada en la mujer que se acercaba. Tenía los ojos plagados de rencor, frustración y amargura acumulada, mostrando un tono tan agresivo que rozaba la locura.

—¡Señorita Calvo, no sé en qué diablos la ofendí, pero por qué tiene que ensañarse así conmigo!

—¡Me despidieron! ¡Hoy en la mañana me avisaron de golpe en el parque que ya no me presentara a trabajar, sin razones, sin que yo hiciera nada malo!

—¡Y ya me enteré! ¡El Grupo Calvo tiene dinero metido en ese lugar! ¡Si tú no hubieras movido tus influencias para fregarme a propósito, yo seguiría trabajando en paz! ¡Jamás habría perdido el trabajo del que depende mi vida nada más porque sí!

Jimena frunció el ceño ligeramente; sus delgadas cejas mostraron un toque de fastidio helado. Con la voz un poco más grave, pero llena de honestidad y calma, soltó:

—Yo no he dado órdenes en ningún lado, ni le he pedido absolutamente a nadie que la corran.

Su mirada no esquivó la de Regina, sintiendo el respaldo de saber que no mentía:

—Los asuntos del parque de diversiones se rigen bajo las políticas de su propia directiva y sus gerentes. Si usted perdió su trabajo, sea porque es incompetente, porque tiene mala actitud o porque se brincó las reglas, eso tiene que ir a reclamárselo a sus jefes. No puede venir y meterse a mi empresa, sacando conclusiones de la nada y haciendo un berrinche buscando pleito.

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