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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 583

Benjamín frunció el ceño, visiblemente insatisfecho con las palabras de Germán.

—Abuelo, si es una sanguijuela o no, es un asunto entre ella y yo.

—Ahora somos marido y mujer, y estoy dispuesto a apoyarla.

Al escuchar a Benjamín, Germán golpeó la mesa con el rostro sombrío.

—Benjamín, ¿siquiera te escuchas lo que estás diciendo?

—Has estado a mi lado tantos años, ¡jamás pensé que tuvieras este carácter! ¿¡Desde cuándo te volviste un tonto enamorado!?

Germán estaba furioso, su expresión era increíblemente oscura.

Frente a las acusaciones de su abuelo, la actitud de Benjamín no cambió en lo más mínimo. Lo miró directamente, sin titubear.

—Abuelo, mi matrimonio es decisión mía. Es algo que me prometiste y que me aseguraste hace tiempo.

La cara de Germán se ensombreció.

No esperaba que Benjamín sacara a relucir ese asunto.

Viendo su aire sereno y calmado, Germán entrecerró los ojos.

—Entonces, ¿ya tenías planeado casarte con ella?

—¿Nunca cambiaste de opinión sobre querer casarte con ella en todos estos años?

Benjamín asintió.

—Así es.

—Abuelo, si tú mismo la elegiste cuando era una niña, significa que sus cualidades eran de tu agrado. Que me case con ella, ¿no es también cumplir con tu deseo de aquel entonces?

Germán respiró hondo, mirando a Benjamín con ojos penetrantes, con una expresión de análisis y escrutinio.

No sabía que los sentimientos de Benjamín por Petra fueran tan profundos.

Cuando Petra vino a la mansión de los Hurtado a romper el compromiso, fue el propio Benjamín quien aceptó la anulación.

Germán guardó silencio por un largo rato antes de decir con frialdad:

—Ponerte en esta situación solo por una mujer. Este resultado, ¿no lo veías venir?

Ante la insistencia de Germán, Benjamín optó por el silencio.

Germán lo miró de reojo y soltó otro bufido.

—Benjamín, tú me diste la oportunidad. No puedes culparme a mí.

—Así es el mundo, siempre habrá alguien que se aproveche de tus errores para ponerte una zancadilla.

Benjamín asintió.

—Gracias por la lección, abuelo. La tendré muy presente.

Germán, al escuchar la respuesta serena de Benjamín, frunció el ceño con una sombra de disgusto en los ojos.

—Mañana hay comida en la mansión. Supongo que traerás a tu nueva esposa, ¿verdad?

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