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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 636

Petra se acostó en la cama. Estaba muy cansada, pero después de esa escena, de repente se le fue el sueño.

No supo cuánto tiempo pasó, pero su mente seguía completamente despierta.

Estaba pensando si bajar a por un somnífero cuando la puerta de la habitación se abrió.

Rápidamente, cerró los ojos y fingió estar dormida.

En la oscuridad, un hombre se acercó y se detuvo junto a su cama.

No hizo ningún ruido, solo se quedó allí, observándola en silencio.

Petra…

No sabía qué quería Benjamín, pero esa sensación de que alguien la observaba fijamente era muy incómoda.

Justo cuando dudaba si abrir los ojos y hablarle, sintió que el colchón se hundía a su lado.

Benjamín se había metido en la cama.

Petra…

Ahora entendía aún menos lo que pretendía Benjamín.

Mientras se preguntaba qué pasaría, sintió que el hombre le rodeaba la cintura con el brazo y la atraía hacia él.

Sus movimientos fueron tan suaves como si temiera despertarla.

Petra mantuvo los ojos cerrados con fuerza y desechó la idea de abrirlos para hablar con él.

La habitación estaba en un silencio absoluto.

Benjamín se limitó a abrazarla, sin hacer nada más.

Poco a poco, Petra se fue quedando dormida.

...

A la mañana siguiente, se despertó muy temprano.

Hoy era la celebración anual del Grupo Hurtado, y Benjamín tenía una agenda muy apretada.

Como su asistente, ella tampoco iba a tener un día tranquilo.

Cuando Petra abrió los ojos, el hombre que había estado a su lado ya no estaba.

Era como si la noche anterior nunca hubiera venido, como si todo hubiera sido un sueño.

Petra se levantó, se aseó rápidamente y se dirigió a la habitación principal.

Lo que sí le sorprendió fue que Benjamín lo hubiera aceptado.

—¿Y Benjamín estuvo de acuerdo?

Petra no supo qué responder a eso.

Después de todo, la noche anterior, Benjamín había dormido en su cama.

Así que no se podría decir que estaba de acuerdo, pero tampoco se había opuesto.

Al ver la expresión de Petra, Rebeca supo cuál era la reacción de Benjamín. Soltó una risita burlona y dijo:

—Definitivamente, a cada santo le llega su fiestecita.

»Debe de estar que trina, ¿no? Con razón esta mañana tenía esa cara tan larga.

En toda su vida, pocas personas se habían atrevido a tratar a Benjamín así. Caer una y otra vez en las manos de Petra debía de tenerlo furioso.

Rebeca podía imaginarse a Benjamín hirviendo de rabia por dentro, pero conteniéndose. La idea le pareció divertida.

Petra, al escuchar la risa de Rebeca, bajó la mirada y no dijo nada.

...

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