Su hermana estaba en quimioterapia, por eso se había rapado.
Al verla llorar, Jimena frunció los labios y dijo con voz suave.
—¿Por qué lloras? Estoy bien, ¿no ves?
Petra sorbió por la nariz, controlando sus emociones al instante. Rodeó la cintura de Jimena con sus brazos, con un gesto tan delicado como si temiera romperla.
—Es que ya tenía mucho tiempo sin verte, te extrañaba mucho.
—Y tú también, dijiste que solo venías unos días y mira cuánto tiempo te has quedado.
Jimena le acarició la cabeza.
—Mi suegra se preocupó demasiado por mi salud y organizó todo un equipo médico sin que me diera cuenta. Yo también me vi sorprendida, pero lo bueno es que el tratamiento ha funcionado muy bien.
Petra la abrazó, escondiendo el rostro en su cuello.
—Hermana, por favor, recupérate pronto.
Jimena asintió.
—Sí.
—Si todo sale bien, en un mes más las células cancerosas estarán bajo control.
—Ya sabes, como lo detectaron a tiempo, es más fácil de curar.
Petra asintió, murmurando más cosas con la voz entrecortada por el llanto.
Nadie mencionó a Federico.
Y Jimena no mencionó a Benjamín.
Cuando la señora Núñez se enteró de que había llegado gente de la familia Calvo, se tomó un tiempo para salir de la empresa y recibirlos.
Gracias a la visita de Petra, Jimena pudo salir de la hacienda por primera vez en mucho tiempo.
La señora Núñez de verdad quería a Jimena.
Durante todo el camino, Petra pudo sentir el cuidado que la señora Núñez le prodigaba a su hermana.
Petra frunció los labios, y sus preocupaciones comenzaron a disiparse.
Petra levantó la vista, miró a Federico y luego se dirigió a la señora Núñez, que estaba sentada a su lado.
—Viendo cómo trata a mi hermana como si fuera su propia hija, ¿cómo no voy a estar tranquila? Señora, permítame brindar por usted, en agradecimiento por todo el cuidado que le ha dado.
Mientras hablaba, Petra levantó su copa, se puso de pie y brindó con la señora Núñez.
La señora Núñez, con una sonrisa, levantó su copa, la chocó con la de Petra y dijo.
—Petra, no tienes por qué ser tan formal. Desde que tu hermana entró a la familia Núñez, es una de nosotros. No te preocupes, aquí nadie la va a molestar, y te aseguro que no voy a permitir que nadie le haga pasar un mal rato.
La señora Núñez dijo esto con una gran autoridad y, al terminar, no olvidó lanzarle una mirada a Federico.
Federico solo pudo sonreír con resignación y levantar las manos en señal de rendición.
—Son puros inventos de la prensa, yo no he hecho nada.
Jimena estaba enferma; si en un momento como este él de verdad le hiciera algo, sería un verdadero infame.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...