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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 913

Giselle, al ver la cara de urgencia de Frida, negó con la cabeza y dijo:

—No pasó nada, señora.

Frida insistió:

—¿De verdad?

—Es que escuché por ahí que esa noche, después de que me fui, se fue la luz en la casa.

Al oír eso, Giselle hizo como que recordaba algo y se apresuró a decir:

—Ah, sí, se fue la luz en la mansión. Parece que fue por falta de mantenimiento, los cables fallaron y la mayoría de los aparatos eléctricos de la casa tuvieron problemas.

—Como había visitas, el señor Germán no hizo un escándalo en ese momento, pero al día siguiente corrió al electricista y escuché que hasta le iba a cobrar los daños.

Frida puso cara de asombro y comentó:

—A ese electricista la familia Hurtado le pagaba muy bien cada año, no puedo creer que fuera tan irresponsable con su chamba.

Giselle asintió rápidamente, aunque con una expresión un poco rara.

—Sí, sí, así es.

—El patrón detesta eso: la gente malagradecida. No lo tolera.

Frida asintió y dijo sonriendo:

—Giselle, ya llevas muchos años en la familia Hurtado, ¿verdad? Recuerdo que cuando me casé y vine para acá, tú ya estabas.

Giselle asintió. —Sí, sí. Ya tengo mucho tiempo aquí.

—Le agradezco mucho al patrón por darme este trabajo.

—Si no fuera por la confianza del señor, no habría durado tanto en la casa Hurtado.

Frida frunció levemente los labios rojos, sintiendo que Giselle le estaba mandando una indirecta.

Justo cuando empezaba a dudar, Giselle volvió a poner su sonrisa y dijo:

—Señora, ¿necesita algo más? Si no tiene otra cosa, me voy a seguir con mis deberes.

Al ver esto, Frida le metió un billete en la mano a Giselle y le dijo en voz baja:

—Ve a trabajar. Esto es un detallito de mi parte, acéptalo. Si te enteras de algo, acuérdate de decirme primero a mí.

—Tú sabes lo difícil que es mi situación en esta casa.

Giselle asintió, se guardó el dinero en la manga y, como de costumbre, bajó la cabeza y se fue con cautela.

Petra se apresuró a responder con una sonrisa:

—Abuelo, el chef de la familia Pineda cocina delicioso, me gusta mucho.

Agustín asintió satisfecho.

—Qué bueno que te guste, come más entonces.

Petra asintió.

Benjamín se mantuvo en silencio todo el tiempo, echando miradas de vez en cuando a Rebeca, que estaba sentada frente a él.

La actitud de Rebeca hacia Benjamín hoy era extremadamente fría.

Ni siquiera se dignaba a voltear a verlo.

Durante la cena, Rebeca se levantó de repente para tomar una botella de vino tinto del mueble bar y agarró el descorchador.

Al ver esto, Agustín dijo:

—Mira qué mala memoria tengo, ese vino me lo regaló un viejo amigo que vi la última vez que fui al Estado de Chavín. Dijo que era la joya de su viñedo, no sé qué tal sepa, vamos a probarlo hoy.

Rebeca no dijo nada, solo bajó la cabeza para abrir la botella.

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