Benjamín levantó la mano para sobarle la frente, la acomodó para que se acostara y recargara la cabeza en sus piernas.
Petra cooperó obedientemente.
—Pensé que no vendrías por mí hoy.
Murmuró en voz baja, con un tono que llevaba cierto resentimiento.
Benjamín arqueó la ceja, mirando a la mujer que yacía en sus brazos con los ojos cerrados.
—Pues aquí estoy, ¿no?
—¿Qué más pensaste?
Petra abrió los ojos, mirando ese rostro atractivo que tenía tan cerca, y sonrió.
—Pensé que las Pineda, madre e hija, te tendrían tan enredado que no podrías venir a buscarme.
Benjamín puso cara seria al instante.
Petra torció la boca, levantó la mano y alisó suavemente el ceño fruncido de Benjamín.
—En realidad te entiendo.
—Al final de cuentas, la Sra. Frida te crio y te cuidó, lo entiendo. Incluso si ayudas a Josefina, también lo entiendo.
—Con que no me hayas detenido de hacer lo que hice, ya estoy feliz. Hay que saber conformarse.
Benjamín frunció el ceño y dijo con voz grave:
—¿A tus ojos, soy tan parcial?
Petra soltó un simple «Ajá».
—Digo, si Rebeca pudo aguantar injusticias, que yo aguante un poco es normal.
Benjamín: «...»
—No voy a dejar que sufras injusticias.
Esta vez Petra no contestó; volvió a cerrar los ojos y se mantuvo en silencio todo el camino de regreso.
Llegaron a la casa.
El chofer paró el auto. Benjamín iba a extender los brazos para cargar a Petra, pero ella abrió los ojos de golpe.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...