Delfina vio la clara indirecta de Jimena Calvo; movió los labios, pero al final se tragó las palabras.
Jimena subió las escaleras hacia el segundo piso.
Delfina le entregó de inmediato el frasco de medicina a Jimena y le preguntó con preocupación:
—Señorita Calvo, ¿quiere que la ayude?
Jimena negó con la cabeza.
—No te preocupes, yo puedo sola.
Tomó el frasco de las manos de Delfina y entró a su habitación.
Delfina la vio desaparecer tras la puerta, suspiró levemente y echó un vistazo hacia la planta baja.
Federico Núñez seguía parado exactamente en el mismo lugar de hace un rato.
Su rostro no mostraba gran emoción, por lo que era imposible descifrar qué opinaba de todo este asunto.
Delfina no entendía nada. Si en la mañana, al salir, parecían llevarse muy bien, ¿por qué habían vuelto a la misma tensión de hace unas semanas?
Quién sabe cuánto tiempo pasaría para que volvieran a acercarse un poco.
Federico notó la mirada de Delfina sobre él, su expresión se volvió más fría y empezó a subir las escaleras.
Delfina, al ver que Federico estaba a punto de entrar a su propio cuarto, le recordó en voz baja:
—Señor, me parece que la señorita Calvo está lastimada.
Al escuchar esto, Federico detuvo sus pasos y respondió con tono indiferente:
—Si ni siquiera quiso que tú le ayudaras a ponerse la medicina, ¿crees que me dejará a mí?
Tras decir eso, soltó una risa amarga y entró a su habitación.
Delfina se quedó sin palabras al verlo; solo negó con la cabeza, con una mirada llena de impotencia.
A medianoche.
Federico abrió la puerta de su cuarto y caminó hasta la habitación de Jimena.
Puso la mano en el picaporte, dudó un segundo, pero terminó por empujarlo hacia abajo con la intención de entrar y revisar sus heridas.
—Sí, la señorita Calvo ya comió.
La expresión de Federico se ensombreció un poco. Levantó el brazo y checó la hora en su reloj.
Jimena había bajado con más de media hora de anticipación. ¿Acaso lo estaba evitando a propósito?
Federico desvió la mirada hacia la ventana; Jimena ya se había subido al coche con el chofer.
Con el ceño ligeramente fruncido, apartó una silla, se sentó y comió su desayuno en absoluto silencio.
Delfina suspiró para sus adentros al ver la innegable actitud decaída que emanaba de Federico.
Terminó de recoger los platos de Jimena y se dirigió a la cocina.
Pero justo antes de entrar, no pudo evitar comentarle:
—En la mañana, cuando la señorita Calvo platicaba por celular con su hermana, mencionó lo que pasó ayer en el club hípico.
»Señor, ¿acaso la señorita Calvo se lastimó con los caballos?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...