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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1249

—Lo siento.

—No fue mi intención involucrarte y hacer que tu madre te regañara.

Federico soltó un ligero bufido y respondió:

—Ya que no fue tu intención, entonces pórtate bien y acompáñame al hospital a que te revisen, para que no me traigas problemas con mi madre.

Jimena no dijo nada más.

Al ver esto, el chofer de inmediato dirigió el auto hacia el hospital.

Llegaron al hospital.

Jimena cooperó con los médicos durante toda la revisión.

Cuando Federico volvió a ver las heridas de Jimena, no pudo evitar fruncir el ceño.

—Vaya que eres resistente, Jimena.

En esa situación, no había soltado ni una sola queja.

Jimena no respondió a las palabras de Federico, solo escuchó en silencio las indicaciones del médico.

El médico le recetó algunos medicamentos a Jimena.

El chofer fue de inmediato a la farmacia a recogerlos.

Al subir al auto, el chofer le entregó las medicinas a Jimena.

Federico estiró la mano, tomó de golpe las medicinas que le ofrecían y le dijo a Jimena con voz profunda:

—Al regresar, yo te pondré la medicina.

Jimena se quedó sin palabras.

—No es necesario —rechazó de inmediato.

La voz de Federico sonó fría:

—Son órdenes de mi madre.

—No le diré nada a tu madre sobre esto —aclaró Jimena.

—¿Quién sabe? —replicó Federico—. Si vas y te quejas con ella, ¿cómo voy a limpiar mi nombre?

Jimena se quedó muda ante tal comentario.

—No soy tan inmadura.

—Tampoco quiero que me vuelvan a regañar —insistió Federico.

Con eso, Jimena se quedó en completo silencio.

Durante todo el trayecto hasta la Residencia Los Arrayanes, Jimena no volvió a cruzar palabra con Federico.

El conjunto incluso tenía un estampado de fresas.

Al verla vestida así, Federico no pudo evitar levantar una ceja.

Había que admitir que esa pijama de fresas contrastaba enormemente con la imagen habitual que proyectaba.

—No esperaba que a la señorita Calvo le gustaran las fresas.

Jimena bajó la mirada hacia su propia pijama, sin decir una palabra.

Esa pijama se la había comprado Petra Calvo.

Tal vez por el embarazo, a Petra le habían empezado a gustar ese tipo de estampados tiernos últimamente.

Normalmente, a Jimena le gustaba dormir en camisón.

Pero como hoy Federico iba a ir a aplicarle la medicina...

No tuvo más remedio que rebuscar en el armario hasta encontrar ese conjunto más conservador.

Ignoró el comentario de Federico, se dio la vuelta para entrar y lo dejó pasar.

Jimena caminó hacia la silla del tocador, se sentó, se remangó la pernera del pantalón y esperó a que Federico le pusiera la pomada.

Durante todo el proceso, el rostro de Jimena no mostró casi ninguna expresión.

Por alguna razón, esto le dio a Federico una extraña sensación de que aquello era un simple trámite médico.

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