Esmeralda alzó la mirada y se le quedó viendo con todo el coraje a ese hombre odioso.
—David, ¿estás enfermo o qué? —Quiso golpearlo, pero tenía la mano raspada y herida, así que tuvo que contenerse.
David miró la palma de la mujer, de la que brotaba un poco de sangre, y luego observó su rostro lleno de furia. Dijo con frialdad:
—Si fueras obediente, no tendrías que pasar por esto.
Esmeralda estaba tan enojada que quería morderlo.
—¿Por qué tendría que obedecerte? ¿Acaso no estoy herida por tu culpa, por ser un bruto?
Un coche negro se acercó lentamente.
El chofer bajó y abrió la puerta trasera.
David la subió al auto, le abrochó el cinturón de seguridad y luego se dio la vuelta para recoger el celular que ella había tirado, antes de subir él también.
El vehículo salió de la finca.
Todo el lugar comenzó a iluminarse poco a poco.
Dentro del coche, Esmeralda miraba su celular destrozado. Justo antes de que se cayera, había sonado una vez; vio que era Gabriel quien llamaba.
Ahora el celular no encendía, así que no podía devolver la llamada.
Le ardían las manos y las rodillas a rabiar.
En ese momento, el celular de David emitió el sonido de una videollamada. Él lo tomó y aceptó la solicitud.
—Papá.
Se escuchó la voz de Isa.
—¿Ya desayunaste?
En su país eran las ocho de la mañana.
—Ya comí —respondió Isa—. Papá, ¿hay alguien contigo?
David se movió ligeramente y levantó la mano.
—¡Evelynn! —se escuchó la voz emocionada de Isa.
Esmeralda volteó; aún no había logrado disimular su mal humor.
—Evelynn, ¿qué tienes? Te ves triste. ¿Papá te hizo algo otra vez?
Esmeralda escuchó a Isa y no supo qué responder al momento.
Isa se enojó de inmediato y le reclamó a su papá:
—Papá, ¿por qué molestas a Evelynn?
David miró de reojo a la mujer silenciosa a su lado, a quien no le permitía hablar, y luego tranquilizó a Isa:
—Papá le pedirá una disculpa a Evelynn cuando regrese.
—¿A dónde me llevas?
David no la miró.
—Lo sabrás cuando lleguemos.
Esmeralda respiró hondo disimuladamente.
—David, no soy nada tuyo. Podemos seguir siendo un par de extraños que no tienen nada que ver el uno con el otro.
David la miró de reojo y soltó una risa burlona.
—¿Extraños que no tienen nada que ver? Entonces, ¿por qué me pides el divorcio?
Esmeralda soltó una risa fría.
—¿Acaso en tus ojos contamos como esposos?
David la observó.
Tras un breve silencio, retiró la mirada y no respondió.
Esmeralda soltó una carcajada llena de sarcasmo.
De repente, el celular de él vibró. Lo tomó y vio que era Romeo. Presionó el botón de contestar.
—¿Bueno?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...