Enzo se quedó contemplando a Esmeralda de espaldas, con una expresión de completo desconcierto y una profunda sensación de soledad.
De pronto, su celular comenzó a vibrar. Lo sacó del bolsillo, se dio media vuelta y caminó hacia afuera de la cocina.
Contestó la llamada.
Mientras hablaba, un estruendo escandaloso retumbó de repente en la cocina.
La expresión de Enzo se tensó, colgó inmediatamente la llamada y regresó corriendo.
Una de las empleadas de servicio había caído al piso; a su alrededor había un gran charco de agua hirviendo despidiendo vapor. Esmeralda estaba recargada contra la barra de la cocina, en estado de shock.
Enzo se le acercó dando zancadas.
—¡Esme! —soltó su nombre de golpe, presa del pánico.
Esmeralda salió de su aturdimiento.
Él llegó a su lado y preguntó con suma desesperación:
—¿Estás bien? ¿Te quemaste?
Ella no respondió; solo lo miraba fijamente, analítica.
Ante esa mirada incisiva, Enzo evadió el contacto visual de forma claramente antinatural. La repasó con la vista de pies a cabeza y, al comprobar que no había salpicaduras de agua en su cuerpo a excepción de una mancha rojiza en el dorso de la mano, por fin la tensión que oprimía su pecho comenzó a ceder.
La empleada había tropezado por accidente mientras acarreaba el agua hirviendo y la olla había salido volando directo en dirección a Esmeralda. Afortunadamente sus reflejos habían sido lo suficientemente rápidos como para esquivar el grueso del líquido y solo unas pocas gotas le rozaron la mano.
Otra empleada se apresuró a ayudar a su compañera caída a levantarse, la cual comenzó a ofrecer disculpas a Esmeralda frenéticamente.
Enzo por fin posó su atención en la mujer de servicio y le clavó una mirada gélida y despiadada.
La empleada sintió que un escalofrío le recorría todo el cuerpo.
—¿Qué pasó aquí? —inquirió Sandra entrando a escena.
Una de las sirvientas le dio una explicación rápida. El rostro de Sandra se oscureció de inmediato y, clavándole los ojos a la responsable, ordenó:
—Llévensela de mi vista.
Se giró hacia Esmeralda y preguntó con genuina preocupación:
—Evelynn, ¿estás bien?
Esmeralda negó con la cabeza.
—No fue nada grave.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...