Entrar Via

La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 581

La cara de Noelia se tornó sombría al escuchar esas palabras, incapaz de refutar lo que Cecilia le había dicho.

Después de un largo momento, soltó un bufido.

—No me extraña que te hayas convertido en la asistente de David, Cecilia. Pero, ¿acaso piensas quedarte ahí para siempre en vez de volver y hacerte cargo de las empresas de tu familia?

—Primero necesito acumular suficiente experiencia antes de regresar a tomar las riendas —respondió Cecilia—. Mis padres también me sugirieron que me foguee por un par de años más.

—Yo jamás podré compararme contigo. Con tus antecedentes, heredar la empresa de tus padres será cosa fácil en el futuro —dijo Noelia—. Aunque me habías mencionado que tenías ganas de irte a Inversiones Gracia.

—Evergreen Capital también es una excelente opción —se limitó a decir Cecilia.

Noelia decidió no seguir preguntando.

—¡Vámonos!

Ambas se marcharon de ahí.

En la cancha, el partido llegó hasta un sexto set y aún seguía sin definirse a un ganador.

Eran ya las cinco y media de la tarde.

Los niños, exhaustos después de tanto tiempo, habían sido retirados del lugar hace un buen rato.

David y los demás llegaron justo cuando había comenzado el set decisivo para el desempate.

Enzo hizo el saque.

Veinte minutos después...

Un golpe de Enzo terminó con la pelota fuera de la línea.

Emilia y Rafael habían ganado.

El partido finalmente había concluido, y los cuatro estaban agotados.

Enzo soltó un suspiro pesado, agarró una botella de agua mineral, caminó hacia Esmeralda y se la tendió.

—Perdón, nos costó el partido.

Esmeralda miró la botella que le ofrecía, pero en lugar de tomarla, se dio la vuelta y comenzó a salir de la cancha.

David tomó una toalla de las manos de uno de los empleados, se acercó a Esmeralda y le dijo:

—Sécate el sudor primero.

Esmeralda la recibió.

Rafael y Emilia se acercaron.

—¡Ganamos de milagro! —exclamó Rafael mirando a Enzo.

—Me faltó habilidad —admitió Enzo.

David miró a Rafael y propuso:

Después de un breve e incómodo silencio, le soltó de lleno:

—Señor Catalán, ¿qué es exactamente lo que pretende?

La actitud de Enzo hacia ella últimamente era extraña a todas luces, mostrando una familiaridad que no tenía razón de ser, lo que no le producía a ella más que una profunda sensación de rechazo.

Enzo apretó los labios con fuerza. Por supuesto que se había dado cuenta del claro disgusto en su mirada. En ese momento sintió como si algo le hubiera propinado un golpe certero directo al pecho. Apretó ligeramente los dedos de la mano, abrió la boca con la intención de decir algo, pero no pudo articular palabra alguna.

De repente, soltó:

—¿David y tú planean seguir con todo esto por siempre?

Quería saber si acaso planeaba resignarse y vivir el resto de su vida con él por el bien de Isa, pero tan pronto formuló la pregunta, se dio cuenta de lo sumamente inapropiado que había sonado.

Esmeralda soltó una carcajada cargada de sarcasmo y le espetó:

—Ya que te preocupa tanto el futuro de tu media hermana, ¿por qué no mejor le pides a tu gran amigo que se case con ella de una buena vez en lugar de andarme preguntando tonterías?

—Yo no me refería a eso.

Trató de justificarse, pero todas las excusas se sentían completamente huecas en ese punto.

Esmeralda lo miró frunciendo el ceño al notar el pánico reflejado en sus ojos, del todo incapaz de descifrar cuáles eran sus verdaderas intenciones.

Al final lo ignoró, caminó hacia el fregadero y comenzó a lavarse las manos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea