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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 589

Por un momento, el ambiente en el comedor se volvió cada vez más tenso.

Ante el reclamo de Esmeralda, el semblante de David se endureció y le dijo:

—Esmeralda, no tiene ningún sentido aferrarse a lo que pasó hace cinco años. Ya pasaron muchos años y lo que importa es nuestra hija; no vale la pena buscar culpables.

Esmeralda lo miró fijamente y no pudo evitar reírse de sí misma con amargura.

¡Claro!

Después de todo, fue ella quien buscó a la familia Montes por iniciativa propia cuando quedó embarazada.

Y gracias a eso, la empresa de su padre pudo salvarse de la ruina.

A un hombre como David jamás le había importado que los demás juzgaran sus acciones, y ahora no era la excepción.

Ella no dijo nada más.

El ambiente en el comedor se volvió aún más pesado que antes.

Ninguno de los dos volvió a hablar.

Tras terminar de cenar en silencio, Esmeralda se levantó y salió del comedor.

David se quedó sentado. Al verla alejarse, dejó escapar un suspiro de frustración.

Esmeralda regresó a la habitación de Isa justo cuando la niña acababa de despertar. La niñera le llevó la cena, y Esmeralda le ayudó a comer. Cuando terminó, la llevó a lavarse los dientes y ponerse la pijama, para luego quedarse jugando con ella en el cuarto.

Las risas llenaron la habitación; la alegría de Isa era tan contagiosa que le ablandaba el corazón a cualquiera.

Mientras tanto.

David estaba de pie frente a la puerta, con la luz a sus espaldas oscureciendo sus facciones. Al escuchar las risas que venían de adentro, se quedó inmóvil, sin atreverse a girar la perilla.

No supo cuánto tiempo pasó.

Hasta que las risas en el interior se fueron apagando.

Justo cuando David estaba a punto de darse la vuelta para irse, la puerta se abrió de golpe.

Al ver al hombre parado frente a ella, la sonrisa en el rostro de Esmeralda desapareció por completo, dejando solo una expresión de total indiferencia.

David bajó la mirada, observándola con aparente calma, aunque era evidente que había notado su cambio de actitud.

—¡Papá! —gritó Isa con su vocecita dulce al verlo.

La niña no había notado en absoluto la tensión entre sus padres.

David apartó la vista de Esmeralda, suavizó su expresión y entró a la habitación.

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