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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 611

En estos últimos días.

Enzo ya había averiguado todo el trasfondo de por qué Esmeralda se había casado con David.

Por boca de su padre, se enteró de que Esme se había enfermado gravemente en su segundo año de preparatoria, lo que provocó que su apariencia y su cuerpo cambiaran por completo.

En aquel entonces, Gabriel la apoyó y, al final, Esme decidió irse a Evergreen Capital como asistente de David. En ese tiempo, supongo que solo era la ilusión inocente de una jovencita que soñaba con el amor, simplemente atraída por la apariencia y la presencia de David.

—¿De verdad no la reconociste en lo absoluto en ese entonces? —preguntó Enzo.

—Ya pasaron cinco años. Todo eso ya ocurrió, no tiene sentido decir nada ahora, y tampoco quiero seguir dándole vueltas a lo que ya pasó —respondió David, dejando suavemente la taza de té que tenía en la mano.

—Claro, como tú eres el que salió ganando, crees que es muy fácil darle vuelta a la página —le reclamó Enzo, entrecerrando los ojos con una expresión muy seria—. Pero la persona que cargó con todo el sufrimiento nunca olvidará por lo que tuvo que pasar.

David se quedó en silencio, sin saber qué responder.

—Como nunca te ha lastimado la persona que más amas, jamás entenderás ese dolor que te cala hasta los huesos —continuó Enzo—. Es una pesadilla que se queda guardada en el fondo del corazón y que no te suelta por el resto de tu vida.

En aquel entonces, Enzo había visto con sus propios ojos todo lo que David le había hecho a Esmeralda, y él mismo había sido cómplice al permitir que todo sucediera.

Ella estaba embarazada en ese momento. Al recordar todo el dolor que tuvo que soportar, sintió un nudo en la garganta. Respiró profundo y volteó la mirada hacia la ventana.

Se hizo un largo silencio.

—En fin, no me importa lo que vayas a hacer, pero no quiero volver a ver que le hagan daño —sentenció Enzo después de ponerse de pie y mirar fijamente a David.

Dicho esto, dio media vuelta y se marchó con pasos largos.

David se quedó sentado en silencio, con una expresión inescrutable y profunda en su atractivo rostro.

Enzo se subió a su coche y recibió una llamada de Manolo.

—Bueno, papá —contestó.

—Enzo, ¿ya comiste? —preguntó Manolo al otro lado de la línea.

—Ya comí, justo voy de regreso. ¿Qué pasó, papá?

***

David fue primero a dar una vuelta por el hospital.

Doña Antonella, Diego Montes, Jorge, Camila Mondragón y Marisa estaban ahí porque la enfermedad de don Óscar era bastante grave y necesitaba monitoreo las veinticuatro horas. Por eso, este año no habría la típica cena familiar con todos reunidos.

Marisa le dijo a David que se llevara a Isa temprano de regreso a Residencial Puerta Norte.

—Cenen tú y mi papá este año —dijo David—. Isa y yo nos quedamos en la casa.

Marisa frunció el ceño de inmediato; no necesitaba pensarlo mucho para saber que iba a estar con Esmeralda.

Como ahora Isa adoraba a Esmeralda, seguro querría pasar el Año Nuevo con ella. Por mucho que a Marisa le disgustara la idea, no tenía cómo evitarlo.

Tras salir del hospital, David manejó hasta la casa de la familia de la Garza.

—Adiós, don Manolo, señora Valentina, señor Santillán —se despidió Isa agitando la mano hacia ellos.

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