En la televisión estaba pasando un programa de comedia. Los chistes de los actores hacían reír a carcajadas al público en vivo, y ese ambiente festivo y ruidoso traspasaba la pantalla.
Pero, afuera de la tele, el ambiente en la sala estaba tan callado que hasta asfixiaba. Ninguno de los dos esbozaba la más mínima sonrisa y los rodeaba una vibra gélida y distante.
Pasó un rato larguísimo.
—Puedes pelear conmigo, puedes ignorarme, pero el divorcio no es algo que puedas ir soltando nada más porque sí cada que te enojas —habló por fin el hombre, con voz lenta.
Al oír eso, Esmeralda torció el gesto.
—No se te olvide el acuerdo que tenemos. Nuestro divorcio solo es cuestión de tiempo, así que ni al caso que te andes forzando —respondió Esmeralda de forma tajante y fría.
—Conmigo no existe la palabra obligar —contestó David con la voz plana.
La mirada de Esmeralda se volvió aún más pesada.
—Incluso si nos vamos a divorciar... —continuó el hombre—, de aquí a que eso pase, espero que cumplas con tu papel de madre y de esposa.
—Ah, claro —dijo Esmeralda, soltando una sonrisa cargada de puro sarcasmo y volteando a verlo—. Entonces la mujer, por tener un acta de matrimonio, tiene que quedarse quietecita cuidando la casa y los niños, ¿pero el hombre puede hacer lo que se le pegue la gana, verdad?
—Ya que acepté firmar ese acuerdo contigo, no tengo por qué andarme metiendo en cosas que me traigan problemas —respondió David sosteniéndole la mirada, sin una pizca de culpa en la cara.
—Ah, ¿sí? ¿Y entonces esto qué es? —le reclamó Esmeralda, sacando su celular para mostrarle una foto tras soltar una risa seca.
David le echó un vistazo a la pantalla y de inmediato frunció el ceño.
Era una foto que le habían tomado a escondidas durante la fiesta en el yate aquel día. En la imagen salían dos mujeres vestidas con ropa muy provocativa. Una estaba sentada junto a él y la otra estaba agachada a sus pies, viéndolo con cara de adoración, en una actitud excesivamente coqueta y ofrecida.
Mientras tanto, él aparecía sentado ahí, manteniendo una postura gélida e indiferente.
David miró la foto y su expresión se endureció. Sin decir nada más, apartó la vista, sacó su propio celular e hizo una llamada.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...