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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 618

David le explicó:

—Isa está en la casa de campo. Tiene planes con unas amigas.

—No tiene sentido que sigas así —dijo Enzo—. Que cada quien siga su propio camino en paz es la mejor opción.

David esbozó una media sonrisa y se rio con frialdad.

—¿Acaso quieres ver a tu sobrina crecer sin su mamá?

—Un divorcio no significa que Isa se quede sin madre —replicó Enzo.

—¿Y si se vuelve a casar y tiene otros hijos? ¿Cuánto amor le va a sobrar para Isa? Tú mejor que nadie sabes la clase de impacto que tiene en los niños la separación de sus padres. Conoces esa agonía de primera mano. No quiero ver a mi hija pasar por eso.

Enzo se quedó sin saber qué contestar; no tenía cómo rebatirle. Tras unos segundos de silencio, dijo:

—Es innegable que eres un buen padre, pero si es así, ¿por qué te niegas a enfrentar el pasado?

David sonrió con displicencia.

—Todo requiere de un tiempo, ¿no crees?

Enzo lo miró a los ojos con fijeza y, al final, no agregó nada más.

***

Esa misma tarde, Esmeralda, Abril, Álvaro y Santiago se pasaron horas recorriendo el mercado de la feria. Estaba a reventar; literalmente, no cabía ni un alfiler.

Más tarde, entraron a una pequeña capilla para encender unas veladoras. También compraron unas tarjetitas de buenos deseos y aprovecharon para adquirir unos cuantos amuletos.

Por la noche, los cuatro fueron a ver el desfile de la feria. Las calles estaban adornadas con papel picado y largas series de luces de colores. El ritmo de la música y los gritos de alegría no se detuvieron de principio a fin.

Después de cenar, todos se despidieron y regresaron a sus hogares. Como Esmeralda ya le había avisado a Isa, la niña no volvió a llamarle.

Apenas Abril cruzó la puerta de su casa, fue a buscar a Gabriel.

—Hermano, mira esto, ¿qué opinas?

Gabriel tomó la tarjeta que le ofrecía y vio que era una de buenos deseos muy especial.

—¿Y qué fue lo que pediste? —preguntó él.

Abril se hizo la interesante.

—Adivina.

Gabriel enarcó una ceja.

—¿Pediste que las cosas entre Álvaro y tú funcionen?

Abril negó con la cabeza.

—Te equivocaste.

—¿Entonces qué es? —insistió Gabriel.

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