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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 116

Las semanas que siguieron al momento "Eureka" se convirtieron en un desenfreno de trabajo productivo. La campaña "La Voz que te Encuentra" cobraba vida con una velocidad y una brillantez que asombraban incluso a la propia Valentina. Sin embargo, la intensidad del proyecto, sumada a la constante tensión de la batalla legal con Alejandro y al desafío de construir una agencia desde cero, comenzó a pasarle factura. Valentina operaba con una reserva de energía que se alimentaba exclusivamente de adrenalina y una cantidad industrial de café. Las noches de insomnio se habían convertido en la norma, y las comidas, en un lujo que a menudo olvidaba permitirse.

Carlos Nieto la observaba con la preocupación de un hermano mayor. Veía cómo su jefa, la mujer que parecía invencible, se estaba consumiendo poco a poco. Veía las ojeras cada vez más oscuras bajo sus ojos, la forma en que a veces se apoyaba en el marco de una puerta por un instante para recuperar el aliento, el ligero temblor en su mano cuando sostenía su taza de café por la mañana. Intentaba cuidarla, dejándole sándwiches en su escritorio o insistiéndole en que se fuera a casa a una hora decente, pero la determinación de Valentina era un muro contra el que su preocupación rebotaba.

Una mañana, Mateo Castillo llegó a la oficina para su reunión de seguimiento semanal. Entró con su energía tranquila y observadora de siempre, pero su sonrisa se desvaneció ligeramente en cuanto vio a Valentina. Ella estaba de pie junto a la pizarra, explicando un complejo diagrama de flujo de la campaña a su equipo, y aunque su voz era firme y sus ideas, brillantes, Mateo vio lo que los demás, acostumbrados a su fuerza, quizás pasaban por alto. Vio el agotamiento en la palidez de su piel, la tensión en la línea de su mandíbula, la forma en que sus ojos, aunque brillantes de inteligencia, carecían de su chispa habitual. Vio más allá de la líder y de la socia comercial; vio a la persona.

La reunión fue, como siempre, increíblemente productiva, pero Mateo se encontró distraído, su preocupación por ella compitiendo con su interés por el proyecto. Observó cómo ella rechazaba las galletas que habían traído, cómo se servía su cuarta taza de café de la máquina de la oficina, un líquido oscuro y amargo que Carlos llamaba "petróleo glorificado".

Al día siguiente, Mateo llegó para su reunión programada, pero esta vez, no venía con su habitual tablet bajo el brazo. En su lugar, llevaba un termo de acero inoxidable de aspecto elegante y una pequeña caja de una de las mejores pastelerías de la ciudad.

—Buenos días —dijo, su sonrisa era cálida y genuina. Se dirigió directamente a la pequeña cocina de la oficina—. Sé que el café de máquina de aquí es un crimen contra la humanidad, así que me tomé la libertad de traer refuerzos.

Capítulo 116 1

Capítulo 116 2

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