Doña Juana Castillo no había llegado a la cima del poder social y económico de Bogotá siendo una mujer ingenua. Había navegado durante más de sesenta años por un mundo de tiburones, donde las sonrisas ocultaban dagas y los contratos se firmaban con tinta invisible de traición. Su instinto, afilado por décadas de experiencia, era su herramienta más valiosa, un radar infalible para detectar amenazas al patrimonio y, más importante aún, al buen nombre de la familia Castillo.
Mientras observaba a su nieto Mateo, su favorito, con el rostro sombrío y la mandíbula apretada por la ira, la semilla de la duda que el chisme de Gabriel había plantado comenzó a germinar. No creía necesariamente en la vulgaridad del rumor. Gabriel era un tonto superficial que repetía cualquier cosa que escuchara. Pero Doña Juana sabía que, en su mundo, los rumores rara vez nacían de la nada. A menudo eran armas, cuidadosamente fabricadas y puestas en circulación por enemigos que buscaban debilitar a sus rivales.
Su instinto protector, el de una leona defendiendo a su cachorro más preciado, se activó. Mateo, a pesar de su inteligencia y su éxito, tenía una debilidad que a ella siempre le había preocupado: un corazón idealista. Ya había sido traicionado una vez por un socio en quien confiaba ciegamente, una herida que le había costado millones y, lo que era peor, una parte de su inocencia. Y ahora, parecía estar cayendo de cabeza por esta mujer, esta Valentina Rojas.
Doña Juana no conocía a Valentina personalmente, pero había investigado sobre ella después de que Mateo le pidiera que invirtiera en su agencia. Los hechos eran impresionantes: una creativa brillante, una mujer que había tenido el coraje de dejar a un hombre tan poderoso como Alejandro Vega y empezar de cero. En el papel, era admirable. Pero ahora, el chisme de Gabriel añadía una nueva y preocupante capa a la historia.
Una mujer recién salida de un matrimonio con uno de los hombres más ricos del país, que inmediatamente se involucra con otro. Una mujer que consigue el contrato más importante de su nueva carrera con el hombre con el que está saliendo. Incluso si la relación era genuina, la apariencia era terrible. Hacía que Mateo pareciera un tonto enamorado, cegado por la pasión, y que ella pareciera una "cazafortunas", una mujer calculadora que usaba sus relaciones para avanzar en su carrera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada