Valentina disfrutó de una breve y gloriosa semana de paz. Con el divorcio finalizado y el contrato de ConectaTech en pleno desarrollo, sintió por primera vez que podía respirar. Se mudó a su nuevo apartamento, y cada caja que desempacaba, cada libro que colocaba en su nueva estantería, se sentía como un acto de reclamación de su propia vida. Su relación con Mateo florecía en ese ambiente de calma, sus citas se volvían más frecuentes y la conexión entre ellos, más profunda. Por primera vez en una década, el futuro no parecía un campo de batalla, sino un horizonte lleno de promesas.
La llamada llegó un viernes por la tarde, justo cuando estaba a punto de salir de la oficina para encontrarse con Mateo para el fin de semana. Era un número desconocido, pero el identificador de llamadas mostraba el nombre de su banco, Davivienda.
—Buenas tardes, ¿hablo con la señora Valentina Rojas, representante legal de Creativos V.R.? —dijo una voz femenina, cortés pero impersonal.
—Sí, habla con ella. ¿En qué puedo ayudarla? —respondió Valentina, mientras le hacía una seña a Carlos de que ya se iba.
—La llamo de la gerencia de crédito corporativo, señora Rojas. Es en relación con la línea de crédito empresarial que fue aprobada para su compañía la semana pasada.
Valentina frunció el ceño. La línea de crédito, respaldada por una parte de su nuevo patrimonio, había sido aprobada sin problemas. Era una suma considerable que necesitaba para financiar la expansión de la agencia, contratar más personal y cubrir los costos de producción iniciales de la campaña de ConectaTech.
—Sí, ¿qué ocurre con ella?
Hubo una ligera pausa al otro lado de la línea, una vacilación que hizo que una alarma se encendiera en la mente de Valentina.
—Lamento informarle que, debido a una revisión interna de nuestras políticas de riesgo, hemos tenido que tomar la decisión de congelar temporalmente la línea de crédito.

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