La semana de paz que Valentina había atesorado se hizo añicos un lunes por la mañana. La llamada del banco había sido el primer temblor, la advertencia de un terremoto inminente. Pero el verdadero seísmo llegó a través de Carlos Nieto. Entró en la oficina de Valentina a primera hora, su rostro, normalmente un bastión de calma y pragmatismo, estaba pálido y desencajado. No dijo buenos días. Simplemente cerró la puerta de cristal detrás de él y dejó caer dos carpetas sobre el escritorio de Valentina con un golpe seco.
—Nos acaban de cancelar —dijo, su voz era un gruñido bajo y furioso—. Los dos.
Valentina lo miró, su corazón comenzando a latir con un ritmo pesado y ansioso.
—¿De qué hablas, Carlos? ¿Quiénes nos cancelaron?
—"Impresiones de Lujo", la imprenta con la que íbamos a hacer todo el material de "Joya Real". Y "Cine-Luz", la casa de alquiler de equipos de cine que teníamos reservada para el rodaje de ConectaTech en dos semanas —explicó, su frustración era palpable—. Ambos llamaron esta mañana, con cinco minutos de diferencia.

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