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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 170

Justo cuando la tensión de la conversación a solas con Juana se estaba volviendo casi insoportable, el resto de la familia comenzó a llegar al patio, rompiendo la atmósfera de interrogatorio. La hermana de Mateo, su esposo y sus dos hijos pequeños entraron riendo, trayendo consigo una energía más ligera y caótica. Y unos minutos después, llegó Gabriel, el primo problemático, con su sonrisa despreocupada y su bronceado de fin de semana.

—¡Tía Juana, cada día estás más guapa! —exclamó, dándole un beso sonoro en la mejilla que ella aceptó con una paciencia resignada. Luego, se giró hacia Valentina—. Y tú debes ser la famosa Valentina. Gabriel Castillo, para servirte. He oído… muchas cosas sobre ti.

El comentario, con su insinuación maliciosa, quedó flotando en el aire. Mateo, que se había unido al grupo, le lanzó a su primo una mirada fulminante. Valentina, sin embargo, le tendió la mano con una sonrisa serena.

—Valentina Rojas. Un placer. Yo, en cambio, no he oído nada sobre usted.

La respuesta, educada pero con un filo de acero, descolocó a Gabriel por un momento y provocó una casi imperceptible sonrisa en el rostro de Doña Juana.

Pronto, los llamaron a almorzar. Se sentaron en una larga mesa de madera en un comedor que daba a los jardines. La comida era un ajiaco santafereño tradicional, servido en cuencos de barro, un plato que era a la vez humilde y exquisito. La conversación durante el almuerzo fue más general, centrada en las anécdotas de los niños y en los planes de viaje de la familia. Valentina participó con una gracia tranquila, escuchando más de lo que hablaba, sintiendo todavía los ojos de la matriarca sobre ella.

La tensión, sin embargo, volvió a estallar a mitad de la comida. Gabriel, que ya iba por su tercera copa de vino y claramente no había aprendido la lección, intentó romper el hielo con lo que él consideraba una broma ingeniosa.

—Oye, Mateo, ahora que eres socio de la publicista más… "persuasiva" de Bogotá —dijo, guiñando un ojo—, ¿vas a conseguirnos descuentos en los anuncios? Porque mi nuevo negocio de importación de tequilas necesita un empujoncito.

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