El efecto de la noticia bomba fue inmediato y sísmico. El poder, en el mundo de los negocios, es una cuestión de percepción, y de la noche a la mañana, la percepción de Valentina Rojas y de Creativos V.R. había cambiado de forma radical. Ya no era una valiente pero vulnerable David luchando contra un Goliat. Ahora era la líder de una nación emergente, respaldada por el arsenal de una superpotencia. Y el teléfono de su oficina, que había estado inquietantemente silencioso durante semanas, comenzó a sonar sin parar.
La primera llamada fue de la gerente del banco Davivienda, la misma mujer que, con una voz impersonal, le había informado del congelamiento de su línea de crédito. Su tono, esta vez, era radicalmente diferente. Era cálido, casi suplicante.
—¡Señora Rojas! ¡Valentina! ¡Qué maravillosas noticias las de esta mañana! En nombre del banco, quiero ofrecerle nuestras más sinceras disculpas por el… malentendido de la semana pasada. Hubo un error administrativo, un lamentable fallo en nuestro sistema de evaluación de riesgos.
Valentina escuchaba en silencio, una sonrisa irónica dibujándose en sus labios.
—Por supuesto, ya hemos rectificado el error —continuó la gerente, su voz goteaba una falsa sinceridad—. Su línea de crédito no solo ha sido reactivada, sino que, en vista de su nueva y emocionante alianza con el Imperio Castillo, el comité de crédito se ha reunido de emergencia esta mañana y ha decidido duplicar el monto aprobado. Queremos ser el banco que apoye su crecimiento.
—Qué amable de su parte reconsiderarlo —respondió Valentina, su tono era educado pero con un filo de hielo que no pasó desapercibido—. Le pediré a mi equipo financiero que evalúe su nueva oferta. Estamos considerando propuestas de varias entidades bancarias en este momento.
Colgó, saboreando el pequeño pero dulce momento de poder. La lección era clara: el dinero no sigue al talento, sigue al poder.

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