La noche de la gala, el Museo Nacional era un espectáculo de luz y elegancia. La fachada de piedra histórica estaba bañada en una iluminación azul profundo, y una alfombra plateada se extendía por la escalinata de entrada. El aire frío de la noche bogotana estaba cargado de los perfumes caros, el murmullo de las conversaciones y los flashes incesantes de las cámaras. La élite de Bogotá estaba presente en pleno: empresarios multimillonarios, políticos influyentes, figuras de la alta sociedad y los periodistas más importantes del país. Era el evento del año, y la atmósfera vibraba con una expectación casi palpable.
Valentina era la anfitriona perfecta. Se movía entre los invitados con una gracia y una calma que eran la envidia de todos. Llevaba un impresionante vestido de noche de un color plateado líquido, diseñado a medida por el mismo joven diseñador de su vestido rojo. La tela se adhería a su figura como metal fundido, y su espalda, una vez más, estaba elegantemente descubierta. El vestido no era una armadura de desafío como el rojo; era una declaración de poder sereno, de una reina en pleno control de su reino. Su única joya era un par de pendientes de diamantes discretos pero deslumbrantes. Estaba radiante, y su calma era tan profunda que resultaba casi inquietante.
Alejandro la observaba desde la distancia, una copa de whisky en la mano. Estaba desconcertado. La gala era un éxito rotundo, incluso antes de que comenzara el acto principal. Cada detalle era impecable, y los invitados no paraban de felicitarlo por la "visión" de su empresa. Debería haber estado exultante, pero la serenidad de Valentina lo ponía nervioso. Esperaba verla estresada, corriendo de un lado a otro, un manojo de nervios. En cambio, la veía flotar entre los grupos, sonriendo genuinamente, su confianza era un muro impenetrable. No podía leerla, y eso, para un hombre acostumbrado a controlar cada variable, era profundamente irritante. Sentía que algo se le escapaba, pero no sabía qué.
Isabella también la observaba, pero con una emoción diferente: un desdén triunfante. Veía la calma de Valentina y la confundía con una ignorancia dichosa. Disfrutaba de la ironía de la situación. Allí estaba Valentina, la reina de la noche, a punto de ser destronada por un simple interruptor. Isabella intercambió una mirada fugaz con Marco, el técnico, que estaba discretamente posicionado cerca de la entrada de la sala de control principal. Él le devolvió un asentimiento casi imperceptible. Todo estaba en su lugar. La trampa estaba lista. Saboreó el momento, imaginando el rostro de Valentina cuando su noche perfecta se convirtiera en una pesadilla de silencio y oscuridad.
Mientras tanto, Valentina, aunque sonreía y conversaba, estaba operando en un segundo nivel de conciencia. En su oído, oculto por su elegante peinado, llevaba un diminuto auricular inalámbrico. A través de él, recibía actualizaciones en susurros de su "equipo fantasma" de Medellín, que estaba oculto en la bodega del museo.
—Sistema B cien por ciento operativo, jefa. Esperando su señal.
—Recibido —pensó, mientras asentía a un comentario de un banquero—. Manténganse a la espera.
Nadie notaba su doble juego. Para el mundo, era la anfitriona perfecta, la mente brillante detrás de una noche mágica. Pero en realidad, era una general en su puesto de mando, observando tranquilamente cómo el ejército enemigo avanzaba directamente hacia la emboscada que ella misma había preparado con tanto esmero. La calma que tanto inquietaba a Alejandro no era ignorancia; era la certeza absoluta de quien controla todas las piezas del tablero.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada