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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 140

Melisa manejó el carro directo hacia la casa de la familia Pacheco.

—Abuela, señor, señora, pasó algo muy grave, el señor está herido.

La empleada de la familia Pacheco corrió apresurada al ver a Melisa entrando con Fabricio cargado sobre la espalda, y fue a avisar de inmediato.

Clarisa se levantó de golpe de su asiento. Antes de que pudiera decir algo, Melisa ya había entrado cargando a Fabricio.

—¿Qué… qué pasó aquí? —preguntó Clarisa, con la voz temblorosa.

Aunque siempre solía quejarse de ese nieto, al final seguía siendo su sangre. Ahora que lo veía inconsciente, pálido como si estuviera muerto, el susto se le notaba hasta en los huesos.

Elvira sujetaba fuertemente la manga de Damián, mordiendo los labios sin atreverse a decir una sola palabra.

Le temblaban las manos.

No tenía idea de lo que había pasado, pero el miedo a perder a su hijo le apretaba el pecho.

—Se intoxicó. Necesito un cuarto limpio, voy a quitarle el veneno —soltó Melisa, sin dar más explicaciones.

Lo urgente era salvar a Fabricio.

—¡Rápido, preparen un cuarto! —ordenó Clarisa, sin hacer preguntas, y enseguida pusieron manos a la obra.

En cuanto el cuarto estuvo listo, Melisa acostó a Fabricio sobre la cama.

En ese momento, Carolina también llegó corriendo.

Ella ya conocía la casa porque había ido antes con Melisa, así que la empleada la dejó pasar sin problemas.

Carolina saludó rápido a los mayores de la familia Pacheco y luego entró directo al cuarto.

—Meli, aquí tienes tu botiquín.

Melisa, de camino a la casa, ya había llamado a Carolina para pedirle que llevara el botiquín médico.

Carolina no perdió ni un segundo y se fue volando para allá.

Melisa tomó el botiquín y le dijo a Everardo:

—Acuéstate. Te voy a vendar.

—No hace falta, esto no es nada. Atiende primero a Fabricio —contestó Everardo, mirando a Melisa.

Sabía bien que, aunque su jefa no lo mostraba, por dentro estaba hecha un manojo de nervios por Fabricio.

En el trayecto, él había querido cargar a Fabricio, pero Melisa no lo permitió.

Everardo volvió a mirar a Fabricio, tirado en la cama, inconsciente. Antes, la verdad, le caía mal el tipo.

Siempre pensó que Fabricio era como un niño mimado que se la pasaba pegado a la jefa.

Aparte de tener dinero y poder respaldarla, no le veía mucho chiste.

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