Jimena tenía muchísimas ganas de ver cómo pintaba su maestro en persona. Pensaba que tendría que esperar mucho más, pero para su sorpresa, ese día por fin llegó.
¡Estaba emocionadísima!
Mientras Javier pintaba, el señor Delgadillo ya había ordenado a los meseros que empezaran a servir los platillos.
Solo había una excepción: la mesa de Jimena seguía vacía.
Clarisa, con su voz siempre directa, detuvo al señor Delgadillo:
—¿Qué pasó aquí? Todas las mesas ya tienen comida menos la cumpleañera. ¿Nos estás menospreciando o qué? ¿O es que a los viejitos ya ni caso les hacen?
—Disculpe, señora. El menú de Jimena tiene una preparación especial. Les pido que aguarden un momento más.
El señor Delgadillo ya había notado que Melisa trataba a Jimena con un respeto distinto, así que él también se mostró especialmente atento.
Clarisa se quedó intrigada. ¿Una preparación especial? ¿Y eso qué significa?
Pero al final no insistió más.
—Pues ni modo, a esperar. Total, todavía ni hambre tengo.
Aun así, la curiosidad le picaba: ¿será que el platillo de Jimena traía algo diferente a los demás?
...
Mientras tanto, Javier ya había terminado su pintura. Se puso de pie, tomó la obra con ambas manos y se acercó a la mesa de Jimena.
—Señora Jimena, es un pequeño detalle de mi parte. Espero que no lo desprecie.
Había pensado en regalarle dinero.
Pero Melisa, esa consentida que ya tenía de todo, lo último que necesitaba era plata.
Si le daba dinero, sería demasiado común. Mejor regalarle un cuadro pintado por él.
Jimena lo miró, sorprendida, y enseguida se levantó entusiasmada.
—¡Ay, está precioso! Mira nada más, los trazos, tan variados y equilibrados, todos dialogando entre sí. La combinación de colores y tintas tiene una vibra única, una atmósfera que me llega directo al corazón. La verdad, conecta perfecto con lo que estoy sintiendo ahora mismo. Es una maravilla.
Javier sonrió.
—Mientras le guste, yo feliz.
Pero se contuvo.
Desde que Melisa regresó, la familia nunca le había dado ni un peso.
La abuela y Nicolás quisieron darle dinero, pero Melisa lo rechazó.
Por eso todos pensaban que ella andaba corta de plata.
Si de pronto decía que Melisa sí le había dado, seguro empezaban los chismes de que Melisa les sacaba dinero a los Orozco.
Para no meter a Melisa en líos, decidió quedarse callada.
...
Mientras las voces subían de tono, el señor Delgadillo apareció con un platillo en las manos, él mismo lo traía.
Caminó directo a la mesa de Jimena.
—Señora, este es el menú especial de cumpleaños que la chef Lior preparó personalmente para usted. Ella espera que usted y sus amigas puedan seguir celebrando la vida, recorriendo montañas y ríos con alegría, y sobre todo, gozando de cada momento que les toca vivir.

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