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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 190

Apenas Carolina terminó de hablar, una tropa de guardaespaldas vestidos de negro irrumpió por la puerta de la familia Orozco sin previo aviso.

Actuaron tan rápido que los Becerra ni tiempo tuvieron de reaccionar; en un abrir y cerrar de ojos, todos estaban sometidos en el suelo.

El rostro de la señora Becerra se transformó por completo. Soltó un grito furioso:

—¿Ustedes quiénes creen que son? ¿Se atreven a ponerle una mano encima a mi familia? ¡Tienen un descaro enorme!

Carolina ni siquiera le dedicó una mirada. Levantó la vista en dirección a Iván, que había permanecido en silencio, apoyado contra la pared.

—¿Quién fue el primero en atreverse a armar lío en casa de los Orozco? —preguntó Carolina, con voz templada.

Iván, con su típica indiferencia, señaló al hombre parado junto a Isidora:

—Él, Camilo Becerra.

Era el tercer hermano de Isidora.

Apenas habían cruzado la puerta de los Orozco, Camilo había empezado con su show: empujones, gritos, hasta rompió un par de cosas. La abuelita, por respeto a la relación de compadrazgo entre ambas familias, no había intervenido.

Melisa, antes de irse, le había pedido a Iván que cuidara bien de los Orozco; pero Jimena, siendo la mayor, tenía la última palabra y él no podía desobedecerla.

A decir verdad, Camilo tampoco había hecho un desastre mayor: rompió unos floreros, destrozó una mesa y ya después se calmó. Si hubiera seguido con sus berrinches, Iván no habría dudado en sacarlo a patadas, sin importar la opinión de la abuelita.

Al final, los Becerra se sentaron con Jimena a “negociar”. Llevaban horas discutiendo sin llegar a nada. Iván sentía que era una pérdida de tiempo lidiar con gente así; con esa clase de aprovechados, mejor era sacarlos de una vez.

Pero la abuelita, por no arruinar la relación con los Becerra, se aguantaba demasiado. Resultaba agotador.

Por suerte, Carolina apareció. Tenía el mismo carácter que Melisa. Eso que Iván no podía decidir, Carolina lo resolvía en un parpadeo.

—¿Con cuál mano lo hizo? —preguntó, sentada junto a Jimena, con una calma escalofriante—. Pues que se la quiebren.

El color se le fue a Camilo.

—¡¿Te atreves?! —bramó.

Sin darle tiempo a pestañear, Iván le pisó el brazo con toda la fuerza, hasta que se escuchó el crujido de hueso roto.

—¡Aaaah! —El alarido de Camilo retumbó por toda la sala.

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