En ese momento, una figura alta y esbelta atravesó la puerta.
Jimena, al verlo entrar, sintió un dolor de cabeza inmediato.
—¿Qué hace aquí Fabricio? —pensó, apretando los labios.
Si Carolina ya era complicada, Fabricio era aún más implacable.
No venía solo. Tras él, desfilaba un grupo de guardaespaldas.
Vicente, el propio jefe de seguridad, guiaba al equipo. No dieron oportunidad para que los Becerra dijeran una sola palabra. Apenas pisaron la casa de los Orozco, se encargaron de todos menos de la señora Becerra.
Estos hombres sabían perfectamente lo que hacían. No dejaban marcas visibles, pero sus golpes caían justo donde más dolía.
Los gritos de la familia Becerra llenaron la casa. Algunos intentaron pedir clemencia, pero apenas alcanzaban a abrir la boca, los callaban de inmediato con otro golpe certero.
Jimena se frotó las sienes, cansada, y se levantó para enfrentar a Fabricio.
—Fabricio, esto...
No terminó de hablar. Carolina se lanzó como un rayo, plantándose frente a Fabricio y soltándole un puñetazo.
Fabricio lo detuvo sin esfuerzo, como si apartara una mosca.
Carolina intentó con la otra mano, pero él también la sujetó.
Desesperada, Carolina lanzó una patada.
Fabricio esquivó con agilidad, mirándola con una sonrisa torcida.
—Cuidado, no vayas a lastimarte la cintura.
Carolina, roja de coraje, escupió al suelo.
—¡Bah! ¿No te da vergüenza? Meli no te llamó, ¿quién te pidió meterte donde no te llaman?
Para ella, este asunto era pan comido. En cuestión de minutos lo resolvía, pero Fabricio tenía que aparecer para robarle el mérito.
Melisa rara vez le pedía ayuda, y a Carolina le encantaba poder hacer algo por ella.
Pero ahora... Fabricio, ese loco, había llegado y se había adueñado de todo.
¡La frustración hervía en su interior!
—¿Tú? —soltó Fabricio, con una risa incrédula—. Con ese nivel, no me impresionas.
La cara de Carolina se encendió.
Ahora sí, estaba que echaba humo.
¡Cómo le gustaría ser tan dominante como él! Pero no tenía un escuadrón de guardaespaldas entrenados como los de Fabricio.
¿Quién no sabía que los hombres de Fabricio habían pasado por entrenamiento especial?
Los suyos no se comparaban.

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