Ahora sí, parece que está temblando como pollo mojado.
—¿Quién fue el imbécil que se atrevió a lastimar a mi hijo? ¡Que salga de una vez!
En ese instante, un grito furioso retumbó en el lugar. Joaquín palideció al instante, un escalofrío le recorrió la espalda y gritó desesperado:
—¡Rápido, tapen la boca de mi papá!
De inmediato, los hermanos de Joaquín saltaron y corrieron hacia Uriel Valdés.
Como todos tenían un brazo inutilizado, no podían sujetar bien a Uriel, así que entre cuatro o cinco lo apretaron por los costados y, usando la mano que les quedaba libre, le taparon la boca.
Uriel ni siquiera alcanzó a decir una palabra; lo arrastraron entre apretujones hacia la puerta.
Pero justo cuando llegaron al umbral, Carolina apareció.
Ella lanzó una mirada a Uriel, entró con gesto curioso y, al ver la escena adentro, su semblante cambió por completo. Se acercó rápidamente a Melisa y, con el ceño fruncido, preguntó:
—¿Qué pasó aquí?
—Nada grave, solo un pequeño problema —respondió Melisa, haciéndose a un lado para que Carolina pudiera sentarse.
Carolina se sentó junto a Melisa, aún desconfiada.
—¿Nada? ¿Y todos estos tirados en el suelo? ¿Crees que no me doy cuenta?
Sin darle tiempo a Melisa para responder, Carolina señaló a Gael, que estaba cerca.
—A ver, tú, dime qué pasó.
Gael, que apenas estaba procesando que Melisa era la dueña de Velas y Vino, se quedó en shock al ver a Carolina.
Uy, la maestra Carolina.
¡Válgame Dios! ¿Quién es en realidad la hermana de Gabriel?
No solo es la dueña de Velas y Vino, ¡también conoce a la maestra Carolina!
Al ver que Gael no decía nada, Carolina puso cara de pocos amigos.
—¿Qué, te comieron la lengua los ratones?
Gael reaccionó de inmediato y soltó nervioso:
—Pues... estos tipos vinieron a buscar pleito, y la hermana de Gabriel les dio una lección. Luego este Joaquín llamó a su papá para vengarse de la hermana de Gabriel.
En pocas palabras, Gael resumió la situación.

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