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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 90

Al día siguiente.

Melisa apenas se había levantado cuando recibió la llamada de Carolina.

—Meli, acompáñame al mercado de piedras preciosas.

Melisa puso la llamada en altavoz, dejó el celular sobre la mesa y, mientras se lavaba la cara, preguntó:

—¿No que a ti nunca te han interesado esas piedras?

—Pues sí, no me llaman mucho la atención, pero ya ves que el cumpleaños de mi mamá se acerca. Me enteré de que llegaron materiales nuevos al mercado de piedras, quiero ver si consigo algo bueno para hacerle una joya. Tú tienes mejor ojo que yo, ¿me ayudas a escoger?

De pronto, Melisa recordó que el cumpleaños de su abuela también estaba por llegar.

A la abuela nunca le gustaron los lujos. Durante los años que Melisa vivió en casa, cada cumpleaños lo celebraban con una comida sencilla en familia.

Después, cuando Isidora la sacó de la casa, la abuela ni siquiera tenía ganas de sentarse a la mesa con el resto, así que en estos últimos años, la abuela prácticamente no celebró su cumpleaños.

Melisa antes no sabía nada de eso, lo supo una vez platicando con el mayordomo, quien se lo mencionó de pasada.

Ese recuerdo le dejó un nudo en la garganta.

Este año, la abuela cumplía setenta años.

En cualquier familia, cuando alguien llega a los setenta, normalmente se organiza una gran fiesta.

Pero esta vez, nadie había mencionado nada.

La abuela tampoco parecía darle importancia.

Solo puso toda su atención en la fiesta de reconocimiento familiar.

Sin embargo, el cumpleaños de la abuela era antes de esa fiesta, de hecho, faltaba apenas medio mes.

Melisa bajó la mirada, pensativa.

—Está bien, te veo en media hora.

Colgó, se arregló deprisa y, sin siquiera desayunar, ya se disponía a salir.

Isidora, al ver a Melisa tan indiferente, se llenó de rabia. Toda la familia la esperaba para desayunar juntos, pero ella, como si nada, se iba de la casa.

Justo iba a explotar cuando Florencia le jaló discretamente la manga.

Isidora se tragó lo que iba a decir y respiró hondo.

Tenía que aguantarse.

La abuela seguía molesta, así que no era momento de buscarle pleito a Melisa. Si la abuela se enteraba, Florencia de verdad terminaría fuera de la familia Orozco.

Melisa apenas se subió a su moto y se puso el casco cuando Marcos salió corriendo tras ella.

—Prima.

Melisa se quitó el casco.

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