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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 63

En la inmensa cama principal de la Mansión de la Colina, Clara daba vueltas de un lado a otro.

¡Estaba demasiado emocionada como para dormir!

¡10 millones!

¡Y cada mes!

Si este era el trágico destino de la villana secundaria de la historia, estaba más que dispuesta a quedarse atrapada en este maldito libro por una eternidad.

¡O diez mil años!

Se puso a contar con los dedos todas las formas en las que iba a gastar ese dinero.

Pero en pleno ataque de euforia, recordó el catastrófico final que la esperaba, y la realidad le cayó como un balde de agua fría.

De nada servía tener todo ese dinero si no iba a estar viva para disfrutarlo.

¿Cómo diablos voy a sobrevivir si salto desde el piso 99?

Y lo peor de todo: tenía que llevar a Andrés con ella.

«Andrés, mi amor, vamos al piso 99 a ver las estrellas...»

Clara estaba cien por ciento segura de que si se atrevía a decir algo así, su pequeño témpano de hielo la fulminaría con la mirada y le diría: Mujer tonta, ¿qué clase de trampa me estás tendiendo ahora?

¡Ah, qué dolor de cabeza!

Siguió dando vueltas en la cama hasta que, sin darse cuenta, se quedó profundamente dormida.

Abrió los ojos con la luz del día, despertada por el incesante zumbido de su celular.

—¡¡¡Clara!!!

Al contestar, el grito eufórico del otro lado de la línea espantó cualquier rastro de sueño que le quedara.

Teresa estaba que no cabía en sí de la emoción.

—¡Pasé la entrevista para el departamento legal de la empresa de Vicente! ¡Empiezo el lunes!

¿Qué?

¿Tan rápido?

Clara se sentó en la cama de golpe.

—¡Teresa, muchas felicidades!

—¡Amiga, no te imaginas lo feliz que estoy! —La voz de Teresa vibraba de alegría—. ¿Tienes tiempo? ¡Te invito un café ahora mismo!

—Pe... digo, Selena. Así es como te llaman tus papás ahora, ¿verdad? —Patricio se apoyó en la mesa con descaro—. Ya sé que ahora eres la elegante señorita Soler y que te da asco mirar a tu propio padre biológico. Pero piénsalo un momento: si tu madre y yo no nos hubiéramos sacrificado por tu futuro, ¿estarías donde estás hoy?

Harta de escuchar sus mentiras y chantajes, Selena lo interrumpió de nuevo.

—¡Ve al grano!

La mirada de Patricio se clavó en el bolso de diseñador de Selena y luego en las llaves del auto de lujo sobre la mesa.

—¡Quiero un millón! ¡Un millón para comprar mi silencio y nuestro gran vínculo de padre e hija! En cuanto tenga el dinero, me largo de Valle Dorado hoy mismo. Tú sigues con tu vida de princesa y yo no vuelvo a molestar.

—¿Y por qué debería creerte? —Selena soltó una risa fría y amarga—. Trabajar no da dinero tan rápido como extorsionar, ¿verdad? Cuando te lo gastes todo, vas a volver a buscarme. ¿Qué te crees, que soy tu cajero automático?

Patricio se encogió de hombros, extendiendo las manos.

—No tienes otra opción más que creerme. Si no me lo das, iré directo a la mansión Soler a buscar a ese empresario... Mi preciosa hija, se las presté para que la criaran durante más de veinte años. ¿Qué, ahora creen que es suya? Ya veremos qué opinan cuando les diga la verdad...

—¡Cállate! —siseó Selena con furia contenida—. En tres días, a las nueve de la noche. Te veo en la entrada del callejón.

Dicho esto, se levantó de golpe y se marchó.

A sus espaldas, pudo escuchar la risa triunfante de Patricio diciendo: Así me gusta...

Y luego, el insoportable bullicio de aquel barrio miserable volvió a rodearla.

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