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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 62

Incrédula, casi pensando que era un mensaje fraudulento, Teresa abrió su correo electrónico. Allí, en su bandeja de entrada, descansaba un impecable correo azul marino con el membrete oficial y la firma de la empresa de Vicente invitándola a una entrevista.

Había enviado su currículum a otras empresas, pero todos habían caído en el olvido.

—¡Mi amor! —susurró con evidente emoción. Volteó a ver a su hija que ya dormía profundamente y, aferrando su teléfono, caminó de puntillas hacia la sala.

Mientras tanto, Paulina no dejaba de mirar su propio teléfono, una y otra vez.

Conociendo la personalidad de Clara, lo lógico era que hubiera hecho un escándalo monumental o hubiera corrido a quejarse.

Pero había pasado tanto tiempo y Vicente aún no la había llamado.

Al recordar que Clara ya había firmado el acuerdo de divorcio y que era Vicente quien estaba retrasando su firma, el corazón de Paulina, ya de por sí inquieto, se llenó de un caos aún mayor.

El teléfono comenzó a sonar sin parar. Eran las chicas de su exclusivo círculo social, organizando un punto de encuentro.

No paraban de etiquetarla en los mensajes, insistiendo en que saliera con ellas.

Paulina respondió con un breve mensaje y se dirigió a su lujoso vestidor.

Media hora después, salió de su casa luciendo un ajustado y sensual vestido negro, con un maquillaje impecable.

En el área VIP del bar, la aparición de Paulina provocó que todas corrieran a abrazarla.

—¡Paulina, hermosa! —repetían una tras otra.

La trataban como a una reina.

Todas eran amigas de la infancia, criadas en la alta sociedad de Valle Dorado. Alguien pidió una ronda de botellas de champaña para celebrar el gran regreso de Paulina, mientras otra amiga dedicaba una canción celebrando su amistad eterna.

Pero cuando alguien mencionó a Vicente, el bullicio se detuvo por un segundo.

—Antes era nuestro querido Vicente, pero ahora es el imponente señor Velasco. ¿Quién se atreve a llamarlo por su nombre? ¡Yo ni loca!

—Yo tampoco me atrevo.

—Ni yo...

Todas las miradas convergieron en Paulina.

Ella sonrió con suavidad y sacó su teléfono.

—Voy a llamarlo.

Se alejó un momento, y al regresar, su sonrisa era aún más dulce y radiante.

—Vicente dice que llegará un poco más tarde, que nosotras empecemos a disfrutar.

—¡Ay, qué envidia! Sigue siendo el mismo Vicente que haría cualquier cosa por nuestra Paulina.

—¡Por supuesto! En todo Valle Dorado, la única mujer que puede hacer que Vicente la obedezca ciegamente es ella.

—Paulina, ojalá nunca te hubieras ido al extranjero. Hoy serías la señora Velasco... ¡Por culpa de su historia de amor interrumpida, ya ni siquiera creo en el romance!

—...

El grupo hablaba al mismo tiempo, lanzando comentarios emocionados.

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