Entrar Via

LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 77

Uf... uf...

Una respiración agitada resonó en la oscura habitación.

Vicente abrió los ojos, con la duda aún latente en su mirada.

No sabría explicar qué estaba mal.

Había despertado tan rápido que alcanzó a percibir esa extraña anomalía por un segundo.

Pero no sabía de dónde provenía.

¿Era la molestia que había mostrado al ver a Andrés?

¿O acaso fue... la locura que destelló en los ojos de ella cuando lo miró?

Por el gran ventanal, las luces de la ciudad seguían brillando.

Un destello cruzó su mente, y la mirada de Vicente se detuvo en seco.

¡Claro que no!

El día que Silvia se perdió, Clara nunca lo llamó amor.

Tras quedarse pasmado un largo rato, Vicente se sentó en el borde de la cama.

Al poner los pies en el suelo, las luces flotantes emitieron un suave brillo, y la iluminación cálida de la habitación comenzó a encenderse gradualmente.

Afuera, detrás del escritorio, Natalia miró el reloj con algo de sorpresa.

Diez minutos de hipnosis y solo tres minutos en estado de sueño profundo.

Este señor Velasco, sin duda, tenía una fuerza de voluntad fuera de lo común.

Natalia se puso de pie.

Para ese entonces, Vicente ya se había puesto la chaqueta y estaba saliendo por la puerta.

—Gracias. Por hoy es suficiente... ¡Ya nos veremos en otra ocasión!

—¡De acuerdo!

Durante el trayecto de vuelta a Residencial Los Olivos, el único pensamiento que daba vueltas por su cabeza era esa escena del sueño.

Y sin embargo, su mente parecía haber llegado a un callejón sin salida.

Vicente se cambió de ropa y subió al gimnasio en el segundo piso.

Después de dos horas sudando a mares, su cuerpo estaba al límite del cansancio.

Pero tras bañarse y acostarse de nuevo en la cama, en cuanto cerraba los ojos, escuchaba esa palabra: Amor.

La voz dulce, ese amor lleno de capricho.

Ese amor que guardaba una pizca de emoción oculta.

Una voz clara y brillante contraponiéndose a otra sombría y profunda. Era un eco tortuoso.

Sentía como si le sacaran el alma y la golpearan una y otra vez.

Vicente se sentó de golpe en la cama. Era la una y media de la madrugada.

La gran casa estaba vacía; todo se sentía incorrecto.

¡Ruum!

A las dos de la mañana, un Maybach salió a toda velocidad de Residencial Los Olivos.

Media hora más tarde, se estacionó en el garaje subterráneo de la Mansión de la Colina.

El ascensor se detuvo en el segundo piso, y al abrirse las puertas, un aroma familiar lo invadió.

En el aire flotaba un sutil olor a leche, como si alguien hubiera olvidado apagar el horno de la cocina y hubiera dejado galletas de ositos recién horneadas adentro.

Vicente empujó la puerta de la habitación de los niños. Al encenderse la luz, la señora Tere salió corriendo con el pelo alborotado y los ojos medio cerrados.

—¿Se... señor?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL