—¡Vicente y yo nos vamos a divorciar!
Clara fue directo al grano.
Yolanda se quedó helada, pero pronto su rostro reflejó un claro lo sabía.
Clara, que ya estaba lista para salir corriendo por unas pastillas para la presión, parpadeó asombrada.
—¿Mamá? ¿Mamá?
—Yo sabía... —Yolanda miró a su hija con cara de reproche—. Desde la primera vez que viniste, me di cuenta de que ustedes dos traían problemas.
Yolanda le acarició el rostro con cariño.
—Mi niña, si se divorcian, no pasa nada, no te pongas triste, ¿sí? Tu papá y yo estamos contigo, y también tienes a tu hermano... Incluso si dejas de ser la esposa de Vicente, siempre serás la consentida de la familia Soler. ¡Nadie va a pisotearte!
Viendo cómo Yolanda estaba al borde de las lágrimas de pura preocupación, Clara la abrazó.
—Mamá, ¿de verdad crees que tengo cara de estar triste?
¡Tenía más de diez millones en su cuenta bancaria! Y cada mes le caerían otros diez millones. A fin de año tendría sus dividendos del Grupo Velasco. ¡Era como para despertar riéndose de la felicidad todos los días! ¡Estar triste por esto sería una falta de respeto hacia Dios y la vida misma!
Yolanda no le creía. La miró de arriba abajo.
—¿Y qué va a pasar con los niños?
—Él tiene la custodia legal, pero van a vivir conmigo hasta que cumplan los dieciocho años.
Con razón.
Yolanda recordó cómo Andrés se despidió moviendo la mano, diciendo adiós, abuelo, adiós, abuela, para luego tomar la mano del chofer, subir al coche y sentarse en su silla de seguridad.
El auto arrancó, y ya no pudieron verlo más.
A Yolanda se le partió el corazón de solo pensarlo, pero temiendo que Clara estuviera fingiendo su alegría, cambió de tema.
—Mi amor, ¿y qué tipo de hombre te gusta? Para que mamá empiece a echarle un ojito a algunos prospectos...
—¡¡Mamá!! —Clara se echó a reír—. ¿Acaso no puedo ser una mujer soltera, feliz y millonaria?
Incluso si fuera a casarse otra vez, ¡no había tanta prisa!
Yolanda también se rio.
—A los buenos hombres hay que buscarlos con pinzas. ¡No creas que es cosa fácil! Hay que observarlos con cuidado. Si no los analizas por lo menos un año entero, ¡lo que ves es pura ilusión!
—¡Esta vez, tu padre y yo vamos a mantener los ojos bien abiertos para escoger al mejor! No podemos volver a...

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