Le di lo mejor en su tratamiento, cuidé de su familia, le ofrecí una vida llena de lujos y comodidades, y siempre regresé a casa a tiempo.
¡Hice todo lo que se me ocurrió!
¿De qué más puede quejarse?
¿O es que todas las mujeres son así de insaciables?
Justo cuando Nelson finalmente encendió el carro, listo para irse, recibió otra llamada. Era su asistente, Joel.
—Dime, ¿qué pasó?
—Doctor Zavala, durante mi turno me notificaron de un grave accidente de tráfico. Parece que hubo un derrumbe en la carretera y un autobús quedó atrapado debajo. Preguntan si hay voluntarios de nuestro hospital que puedan ir a ayudar. ¡Los médicos de guardia ya van en camino!
La expresión de Nelson se tornó seria al instante.
—Mándame la dirección exacta. ¡Voy para allá ahora mismo!
—Pero, y Yadira… —Joel bajó la voz de repente—. ¡La tengo aquí a mi lado, esperando!
En ese momento, a Nelson no le importaba nada más.
—Pues entretenla con algo.
Colgó la llamada, revisó la dirección que le habían enviado y rápidamente la introdujo en el navegador.
***
Al día siguiente, que era viernes, Ivana entró a la oficina mientras varios colegas discutían los planes para la cena de esa noche.
Cuando llegó a su escritorio, descubrió que de nuevo había flores.
¡Un ramo de rosas de color rosa!
Ivana tenía un día tranquilo. Acarició los pétalos, que se sentían suaves como el terciopelo, y al acercar la nariz, percibió un fresco aroma a hierba.
¿A qué mujer no le gustan las flores?
Ivana las admiró un momento, y su humor mejoró considerablemente.
Pero, de nuevo, no había tarjeta. ¿Quién las habría enviado?
Después de pensarlo, decidió llevar las flores a la recepción.
Durante la mañana, trabajó con normalidad, planeando usar un software el sábado, su día libre, para actualizar su proyecto “Pájaro Azul Uno”.

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