Gilda tardó un rato en responder.
[La busqué, pero creo que la borré por accidente.]
Ivana no dijo nada más. Apagó su celular y se recostó en el asiento, sintiéndose completamente agotada.
Esa noche, cuando fue a trabajar al club, su estado de ánimo era pésimo. Cuando el estómago le molestaba, solo podía aguantar con analgésicos.
***
A la mañana siguiente, Ivana se despertó a causa de las náuseas matutinas. Era desesperante esa sensación de querer vomitar y no poder sacar nada.
Afortunadamente, el recordatorio en su celular le indicaba que solo faltaba un día para que terminara ese suplicio. Por eso, había hablado con su supervisor desde temprano para pedir el día libre de mañana.
Pero hoy, en un hecho insólito, no asistió a su clase en línea. En su lugar, regresó sola a la mansión.
Como era de esperar, Nelson no estaba a esa hora, así que buscó en el dormitorio, la sala y el vestidor, pero no encontró su maleta por ninguna parte.
Podía volver a comprar las cosas pequeñas, pero había algo demasiado especial para ella: ¡esa gabardina color caqui!
Volvió a buscar por todas partes, con mucho cuidado. ¡Nada!
«¿No la habrá tirado Nelson?», se preguntó. De inmediato, intentó calmarse: «Imposible, imposible».
Pero si no estaba en casa, tal vez se la había llevado al hospital.
Justo a tiempo, pues Ivana tenía que buscar a Nelson. Así que se dirigió de nuevo al hospital, directamente a su sala de descanso.
Se paró frente a la puerta y la golpeó con fuerza varias veces, sin obtener respuesta.
Aunque las habitaciones de ese lugar estaban bien insonorizadas, Ivana aguzó el oído y le pareció escuchar movimiento adentro. Y no parecía ser una sola persona.
Estaba a punto de tocar de nuevo cuando…
—Ivana, ¿qué haces aquí?
Yadira había aparecido detrás de ella sin que se diera cuenta. Se acercó a la puerta con calma y, con total naturalidad, tecleó la contraseña. La puerta se abrió al instante.
No entró de inmediato. En lugar de eso, se giró hacia Ivana y le sonrió.
—La próxima vez que vengas a buscar a Nelson, puedes pedirme que te abra.
Miró a Ivana y dijo:
—Ivana, solo estábamos comiendo y platicando aquí dentro, por eso no oímos que tocabas. No te ignoramos a propósito, no te enojes.
Otra vez haciéndose la víctima. Ivana estaba tan harta que ya ni siquiera se molestó en dar explicaciones.
Sin embargo, Viviana Noyola, que estaba a su lado, la señaló con el dedo, furiosa.
—¡Nelson tuvo la peor desgracia al casarse con una mujerzuela como tú! ¡Desde el principio fuiste tú quien le robó la boda a Yadira! ¿Qué derecho tienes a venir aquí con esos aires de grandeza?
Ivana tardó un momento en recordar quién era esa persona. Viviana, una sobrina lejana de la familia materna de Daniela. Creía haberla visto una vez en una cena familiar de los Zavala. Era compañera de clase de Yadira.
En los años que llevaba casada, Ivana nunca había asistido a eventos públicos con Nelson. A lo sumo, participaba en la cena familiar de los Zavala en Año Nuevo.
En aquel entonces, se cuidaba de cada paso que daba, temerosa de hacer el ridículo y de que esos niños ricos se burlaran de ella.
Pero ahora, ¡lo único que deseaba era cortar toda relación con Nelson!
—Yo no soy de las que se meten en relaciones ajenas. Incluso cuando Nelson se arrodilló para pedirme matrimonio, él estaba soltero. ¡Mejor ocúpate de tus asuntos! ¿O ya se te olvidó cuando el proyecto de tu familia no pagó los salarios y los empleados se fueron a plantar con pancartas afuera de la empresa? Si a alguien le falta vergüenza, es a tu familia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado