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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 639

—Escucha, Nelson. Escucha las promesas que me hacías. ¿Ya las borraste de tu memoria?

La voz de Yadira sonaba áspera, entrecortada por el llanto.

Cada una de esas grabaciones destilaba un amor profundo y sincero. ¿Cómo podía ser todo una mentira?

Desesperada, como quien se aferra a un clavo ardiendo, reprodujo el último audio.

—¡Te amaré por siempre, Yadira! ¡Jamás tendré ojos para nadie más!

Nelson siempre había sido un hombre de pocas palabras. Aquellas raras ocasiones en las que le dedicaba frases de amor, ella las atesoraba en su teléfono.

En sus momentos de mayor tristeza, volvía a escucharlas y se sentía la mujer más afortunada del mundo.

Por supuesto que Nelson reconoció su propia voz, pero sintió tanta vergüenza que deseó que la tierra se abriera y se lo tragara vivo.

—Ya basta. ¡Eso fue hace una eternidad! ¿Qué sentido tiene sacarlo ahora?

¿Cuántos años tenía en ese entonces? ¿Dieciséis, diecisiete?

¿Quién no ha dicho un montón de idioteces cuando era joven?

Al ver que Yadira estaba a punto de reproducirlas de nuevo, Nelson le arrebató el celular de un manotazo, apagó la pantalla y le espetó con irritación:

—Deja de poner eso. Es cosa del pasado. ¿Acaso no te da vergüenza escucharlo?

A veces, tanta tecnología resulta ser una maldición. ¡Incluso las promesas vacías dejaban evidencia!

¡Menos mal que Ivana no estaba ahí para escucharlo!

—¿Por qué me daría vergüenza? ¡Fueron las promesas que tú me hiciste! Nelson, escúchalo. Salió de tu propia boca, ¿o acaso ya no vale nada?

—¡Tú dijiste que me amarías para siempre!

Nelson estuvo a punto de taparse los oídos. Lanzó el teléfono a un lado y le recriminó:

—¡Ya fue suficiente! ¿Cuándo vas a parar con esto?

—¿Qué sabía yo de la vida a esa edad? Ni yo mismo entendía lo que decía. ¡Esas palabras no tienen ningún valor!

Aunque sintió un breve remordimiento, rápidamente adoptó una actitud a la defensiva, dándole la espalda para no tener que mirarla.

—Piensa lo que quieras. No voy a permitir que unas cuantas estupideces que dije cuando era joven arruinen mi vida de hoy.

Yadira cayó desplomada en el sofá. De pronto, un pensamiento cruzó por su mente, uno que le heló la sangre.

—Nelson, cuando hablábamos de casarnos... me dijiste que tu mamá se oponía porque mi familia no tenía estatus y que la verificación de antecedentes no pasaría. ¿Eso también fue una mentira?

Nelson no esperaba que ella volviera a mencionar aquel tema.

—Eso no fue mentira. ¡Los antecedentes de tu mamá realmente eran un problema!

Pero, tras una breve pausa, añadió:

—Solo que... en ese entonces, yo no tenía ninguna intención de casarme. Pensé que era la excusa perfecta. Ya que mi madre se oponía, creí que sería mejor que te decepcionaras, así que... así que...

Yadira sintió que el coraje la adormecía, y su voz sonó hueca y distante.

—Así que aprovechaste la oportunidad para terminar conmigo, ¿verdad? Así no parecerías tan cruel, sino como una víctima de las circunstancias. ¿Me equivoco?

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